Tres meses atrás, tras el fallecimiento del escritor keniano Ngugi wa Thiong’o, me propuse la tarea de explorar su vasta obra y, como siempre ocurre en estos casos, no estaba seguro de cómo entrarle. Por ventura, de entre sus muchos trabajos de ficción, hallé la novela El brujo del cuervo y, ahora, ya en plena lectura del segundo libro, me encontré con el siguiente diálogo que detonó en mí un sinfín de reflexiones:
“Es por eso que siempre he dicho que el gobierno debería prohibir todos los diarios. Nos las arreglaríamos bien sin ellos. Antes de que los conquistadores vinieran a estas tierras, ¿acaso no nuestros ancestros vivían en una prístina época sin la necesidad de leer nunca un diario?”
Cuál es el papel de los periódicos en la actualidad, he ahí la cuestión. Y es que día a día quienes trabajamos en los medios nos encargamos de informar a la sociedad sobre todo aquello que se pueda considerar relevante. Se amplía el panorama para de tal modo obtener una mayor comprensión de los sucesos cotidianos y las razones detrás de ellos. Todo esto siempre con los ojos bien fijos en el premio, que eso no se nos olvide para que no se hagan aquí malas atribuciones. Ya que para que esto realmente funcione, es vital un público, sólo así dos pueden jugar, si se establece lo mínimo necesario para que haya un diálogo.
Si es incomprensible lo que se expresa en las páginas de una publicación, ¿qué sentido tiene que ésta exista? Cuando no nos entendemos es cuando más solos estamos. No se viene a explicar aquí a nadie el cómo lidiar con su respectiva soledad, y es una pena cortar esta cuidada progresión de ideas y referencias pero sí podría recomendar en ese respecto escuchar el track número dos del Youth and Young Manhood de Kings of Leon.
Happy alone
Puede que me esté saliendo un poco del personaje de columnista y entre a un lugar oscuro, pero antes de despedirme (ya sé, apenas estamos arrancando) quiero compartir algo más que descubrí ahondando en la biografía del autor africano más arriba mencionado, y es que alejado de su propia creación y explorando terrenos más seglares, él mismo junto a su esposa Njeeri, con el pasar de los años crearon la primera publicación periódica (que no diario) en lengua kikuyu, el idioma predominante en su país de origen.
Porque si nos quitan nuestro idioma, olvidaremos lo que fuimos: Decolonicemos nuestras mentes.
Una vez que decidió abrazar su identidad originaria, Ngugi -antes James-, comenta que fue cuando arrancó la verdadera persecución en su contra. Ser más leído lo llevó a la cárcel e incluso al exilio.
Esta es una lucha que hoy aprecio y que de algún modo respaldo a través de una profesión que me adoptó. Sí, algún día escuché a una extraña Calíope, quien me instruyó que a esto valía la pena dedicarse, y aunque seguido me pregunte si hay alguien ahí, yo sé que sí. Por lo pronto, aquí andamos, anónimos. Dejemos de estar tristes.