El anuncio hecho por la gobernadora Mara Lezama sobre la conversión de la clínica del ISSSTE de Cancún en un Hospital General, junto con la declaratoria de que 2026 será el Año de la Salud, es uno de esos mensajes que vale la pena leer con lupa, pero sobre todo con sentido común.
En el pasado de hablaba de hospitales, de ampliaciones, de proyectos “en camino”, pero en los hechos la gente seguía esperando horas, días y hasta meses por una consulta, una cirugía o un estudio básico.
El anuncio de la gobernadora no es un anuncio menor. Es, en el fondo, una declaración de intenciones. Es decirle a la gente común, a la que madruga para trabajar, a la que no tiene seguro privado ni ahorros para una emergencia médica, que el gobierno decidió poner la salud en el centro de la agenda.
Lo relevante no es solo que la clínica del ISSSTE en Cancún pase de ser un espacio limitado a un hospital con 90 camas. Lo relevante es el símbolo: donde antes hubo abandono, hoy hay gestión; donde antes hubo excusas, hoy hay seguimiento; donde antes se dejaban los proyectos en el cajón, hoy se tocan puertas una y otra vez hasta que se abren.
Muchos de estos proyectos no son nuevos. Algunos pudieron haberse hecho hace años. Pero gobiernos anteriores no les dieron continuidad, no cumplieron con lo más elemental: entregar proyectos ejecutivos, dar seguimiento técnico, insistir ante la Federación.
Se perdió tiempo, se perdió dinero y, lo más grave, se perdió salud.
Por eso el mensaje de Mara Lezama es claro y constante: estar en territorio, acompañada de las instituciones federales, insistiendo, gestionando, sin quitar el dedo del renglón.
Ahí está, por ejemplo, la Torre de Especialidades del Hospital General de Cancún de tercer nivel que incluirá atención a la salud mental y oftalmología, dos áreas históricamente olvidadas.
Está el Hospital Materno Infantil, recuperando espacios como el antiguo hospital general de Cancún en la zona del crucero, para atender lo más delicado que puede tener una sociedad: el nacimiento y la infancia.
Están los quirófanos rehabilitados como José María Morelos, Kantunilkín, Nicolás Bravo, Tulum e Isla Mujeres.
También vienen hospitales comunitarios nuevos, como el de José María Morelos, y hospitales generales fortalecidos, como el de Chetumal, ahora con hemodinamia, o el de Felipe Carrillo Puerto, con sala de parto tradicional.
Se suman equipos que antes eran un lujo, como tomógrafos y mastógrafos, y laboratorios que evitarán que la gente tenga que viajar horas solo para un estudio básico. Todo eso forma parte del mismo mensaje.
En el caso del ISSSTE, no solo es Cancún. Chetumal también verá crecer su hospital, y Playa del Carmen ya cuenta con una nueva unidad de medicina familiar. El IMSS ordinario, por su parte, incorpora centros de diagnóstico, consultorios nocturnos para trabajadores del turismo y espacios de cuidado infantil.
Es una red que se empieza a tejer.
El respaldo federal existe, eso es evidente. Pero el respaldo no llega solo. Se gestiona. Se trabaja. Se insiste. Y eso marca una diferencia frente a etapas pasadas donde se esperaba a que las cosas “cayeran solas”.
Hoy hay coordinación con la federación, respaldo presidencial y, sobre todo, voluntad para hacer que las cosas sucedan.

