Si fundara mi propia nación, ¿qué colores tendría su bandera? Dentro de una miríada de opciones, como los bolivarianos y unos rufianes natos, me decantaría por el rojo, amarillo y azul.

Rojo, por la sangre derramada, seguro que más de la estrictamente necesaria. ¿Habrá un mejor mecanismo de control poblacional que un conflicto armado? “Todo fue maravilloso y nada dolió”, ¿dijo alguna vez alguien respecto a la guerra? En Matadero 5, Kurt Vonnegut, autor norteamericano de ascendencia germana, entre viajes en el tiempo e interespaciales, hace una cruda descripción de su experiencia en la Segunda Gran Guerra. El libro se lo dedica a la esposa de uno de sus compañeros, quien se opuso a este trabajo porque no quería que a la postre fuera adaptado en una película que fuera una apología bélica. Él le prometió que no sería así, ahora habrá que verla.

Amarillo, por el sol que brilla de mi lado. Y es que seríamos de los afortunados, no se crean países todos los días. Bougainville, parte del archipiélago de las islas Salomón, pretende separarse de Papúa Nueva Guinea el año entrante y para ello necesita no sólo del consentimiento del gobierno papuano, sino del beneplácito de alguna potencia del orbe. Para ello cuentan con el atractivo de sus tierras raras y la mina Panguna.

Azul, porque aunque sea el líder de mi patria, no se acabarán los días tristes.

Fuego y ceniza

Antes de que finalizara el 2025, fui al cine a ver la nueva entrega de Avatar y no me decepcionó. El camino del agua se estrenó tres años antes y aunque estoy seguro de haberla visto, no me queda de ella más que un vago recuerdo.

En esta tercera parte de la saga, una mitad del afamado dúo musical neozelandés, Flight of the Conchords, mediante un acto heroico y gracias al poder del guion, logra liberar al legendario Toruk Makto, el cual es visto como no más que un traidor de la raza humana por los terrícolas. La pequeña gran decisión de un hombre puede cambiar el curso de la historia en un santiamén.

El problema es que siempre están pasando muchas cosas todo el tiempo y uno elige quedarse con lo más malo del mundo que reclama nuestra atención. Habría que hacer como los Tralfamadorianos y hacer el mayor de los esfuerzos por ver el panorama lo más amplio posible y ya luego irse a hacer desastres a otros lados. Pero, ¿qué será eso del libre albedrío? No es una desgracia ser pobre, pero quizá eso mismo lo sea.