Este año nuevo Jorge tenía un solo propósito, y no ha terminado siquiera el primer mes del mismo y ya pareciera ser imposible de cumplir. No lo juzgo, es difícil comprometerse en la consecución de una meta, máxime cuando esta es personal y no le atañe a nadie fuera de quien sea que habite dentro de nuestra corporeidad.

Quizá sea una actriz recién titulada, llorando, no sé. Podemos fingir, sonreír para la foto, querer esconder la papada, pero al final, todo sale a relucir. Aquello que no queremos mostrar, tiende por sí mismo a flotar.

La ambición es cegadora y el amor nos hace ver las cosas como no lo son. No hay de quién fiarse y en este mundo peligroso sólo nos queda ir a tientas a la espera de encontrar puertos de abrigo, que sean simplemente ello, un alivio momentáneo en caso de mal tiempo. Al final toca salir, plantarle cara a este frente frío y recalcular.

Él dice que estresarse es parte de su personalidad, y yo me pregunto qué es eso teniendo tres veces su edad. ¿Cómo sabemos quiénes somos realmente detrás de la cortina? ¿Si un árbol se cae y nadie lo observa, realmente se cayó o así estaba? Dejar de preocuparse no debiera ser un despropósito, he probado ocupándome, pero eso a veces funciona como un simple distractor, ¿qué hago ahora para postocuparme?

Escoge una vida

Consigue un trabajo, una carrera, una familia, ¿y luego qué? Me cansé de la tele cuando me di cuenta que medía mi tiempo en fragmentos para saber si podía ver un episodio más antes de hacer lo que tenía que hacer. Ahora estoy más tranquilo y entrego las noches a aquello que sea lo que más me plazca. No hay para más, y eso que tenemos tiempo de sobra.

Se supone.

Pero bueno, le dije que no se estresara más, eso no lo aleja de quien realmente es. Para saberlo, toca relajarse, valorar lo que uno tiene, de pronto leer, y si es que no te gusta, por aquí yo te cuento de mis reflexiones, al cabo que salen cada ocho días y no toma mucho rato. A mí tampoco.

Yo no lo pensé mientras comía las uvas, pero desde hace tiempo quiero darle baje a un buen número de los libros que conforman mi pila, eso del Tsundoku no me parece algo de lo cual jactarse. Hasta el momento llevo ya dos en el 2026, a ver con cuántos termino y de paso, en qué nos convertimos. Al final, de algo hay que morir.