En la política local no siempre es fácil distinguir entre juventud y ligereza. A menudo se confunden. Por eso vale la pena detenerse a observar con calma a quienes, siendo jóvenes, ya no hablan desde la expectativa, sino desde la responsabilidad acumulada con los años. El caso de Renán Sánchez Tajonar entra en esa categoría poco común: la de quienes no solo ocupan un cargo, sino que lo ejercen con experiencia, constancia y presencia directa en la vida pública.
Hablar de Renán Sánchez no es hablar de una carrera acelerada, sino de un proceso que ya suma una década en el servicio público. Diez años de trabajo continuo, de aprendizaje institucional y, sobre todo, de contacto permanente con la ciudadanía. No desde la oficina, sino desde el territorio, con visitas semanales, recorridos y diálogo directo que han marcado su forma de entender la política.
Hoy le toca presidir la Junta de Gobierno y Coordinación Política del Congreso del Estado, una posición que no es menor ni decorativa. Desde ahí se articulan acuerdos, se contienen tensiones y se define el ritmo del Poder Legislativo. No es un espacio para improvisados ni para discursos grandilocuentes. Es un lugar donde se mide la capacidad de diálogo, el temple y, sobre todo, la claridad política. Y a Renán Sánchez le ha tocado conducir esa tarea en un momento donde Quintana Roo exige estabilidad, coordinación y resultados.
Lo interesante es que ese liderazgo no se ha construido desde el estruendo. El Congreso que hoy encabeza ha optado por una relación institucional con el Poder Ejecutivo: colaboración, sí; subordinación, no. Mantener ese equilibrio no es sencillo y, sin embargo, es una señal de madurez política que pocas veces se reconoce. Un Legislativo que acompaña, pero que entiende su autonomía, fortalece al estado y le da certidumbre a la ciudadanía.
Hay otro aspecto que conviene subrayar, lejos del discurso cómodo. Renán Sánchez ha fijado postura en temas ambientales que no admiten ambigüedad. La defensa de la Laguna de Bacalar, por ejemplo, no ha sido un gesto retórico, sino una posición pública y verificable. En un estado donde el desarrollo turístico suele chocar con la conservación, asumir una postura clara implica costos. Y aun así, ha decidido hacerlo, alineado con una agenda ambiental que no se limita a consignas, sino que busca regulación y orden.
Esa misma lógica se observa en su trabajo partidista. Como dirigente del Partido Verde en Quintana Roo, ha recorrido territorio, fortalecido estructuras y sostenido una estrategia de afiliación que ha sido documentada en distintos municipios. No es un dato menor. La política también se construye desde abajo, caminando comunidades, escuchando semana tras semana, organizando y dando seguimiento. Sin eso, cualquier liderazgo se vuelve frágil y pasajero.
Nada de esto convierte a Renán Sánchez en una figura intocable ni en un político acabado. Al contrario. Lo coloca en una etapa clave: la del aprendizaje con poder, la del ejercicio real de responsabilidades que dejan huella. La juventud, en su caso, no ha sido pretexto para la inexperiencia, sino un factor que le ha exigido prepararse más, asumir más carga y entender que los cargos no se heredan ni se improvisan: se sostienen con trabajo constante.
Reconocer este momento no es elogiar sin medida ni adelantar juicios futuros. Es leer el presente con honestidad. Quintana Roo necesita actores políticos que entiendan su tiempo, que sepan dialogar, que asuman causas complejas y que no se desconecten de la gente. Hoy, desde el Congreso del Estado y desde el territorio que sigue recorriendo cada semana, Renán Sánchez Tajonar forma parte de esa generación que ya no puede hablar en potencial, porque le toca responder en los hechos.
Y eso, en la política de hoy, no es poca cosa.
El Saque Fino… Ya vienen los carnavales y cada municipio, acorde con sus posibilidades, presentó sus carteleras artísticas. Lo importante, es que la gente pueda disfrutar de las actividades gratuitas. Nos leemos la próxima semana.

