El Australian Open de este año ha sido uno cargado de emociones y de polémica. En la rama varonil hemos disfrutado de la recta final de dos gigantes del deporte: el suizo Stanislas Wawrinka y, el más grande de todos los tiempos, Novak Djokovic. Atestiguamos la lamentable lesión de Lorenzo Musetti, el aparatoso declive de Daniil Medvedev, Andrey Rublev y Stefanos Tsitsipas que otrora dominaran el circuito, y el ascenso de tanto el kazajo Aleksandr Bublik como el argentino Francisco Cerundolo.
En la rama femenil también hemos tenido episodios emocionantes como el tiebreak entre Elena Rybakina e Iga Świątek, las exhibiciones de Zeynep Sönmez y Mirra Andreeva además del apabullante dominio de Aryna Sabalenka.
Desafortunadamente, han llamado más la atención varias polémicas dentro y fuera de la cancha, como la actitud antideportiva de Naomi Osaka contra Sorana Cirstea, la arrogancia de Yulia Putintseva y el arranque de ira de Coco Gauff. Sin embargo, lo que ha robado las portadas de los periódicos ha sido la actitud de la ucraniana Elina Svitolina quien ha utilizado la plataforma del torneo para propagar el discurso anti-ruso.
Desde que comenzó la guerra entre la OTAN y Rusia en Ucrania, los atletas rusos y bielorrusos han sido expulsados de la mayor parte de las competencias internacionales. El tenis ha sido una excepción. Sin embargo, atletas como Medvedev o Sabalenka participan, desde hace años, con bandera neutra. Otros tenistas como Daria Kasatkina o Anastasia Potapova, por diferentes razones, han cambiado de nacionalidad.
Llama poderosamente la atención cómo, mientras los atletas rusos y bielorrusos son continuamente hostigados con preguntas que nada tienen que ver con el deporte, los estadounidenses, israelíes y “euroccidentales” compiten sin mayor escrutinio. ¿No es acaso hipócrita que, mientras Estados Unidos interviene a diestra y siniestra en el mundo e Israel masacra a un pueblo, toda la atención se centre en lo que dicen y no dicen Medvedev o Sabalenka? Cada vez más voces piensan que sí.
Los atletas ucranianos, sea por elección como Svitolina, o por obligación, como Yaroslava Mahuchikh, se han convertido en títeres que fungen como voceros del gobierno de Zelensky, llevando así la política a las canchas. Mientras Svitolina lleva años despreciando a las tenistas rusas y bielorrusas del circuito, los medios decidieron enjuiciar a Mirra Andreeva, una tenista rusa de apenas 18 años, que decidió no estrechar la mano de su oponente.
La madrugada de este sábado Elena Rybakina (kazaja de ascendencia rusa) y Aryna Sabalenka disputarán la gran final del torneo sin haber perdido un solo set. Ya lo dijo el Diego, la pelota, aunque sea de tenis, no se mancha. En Australia ganó el tenis.

