A más de una década de su último enfrentamiento en el Super Bowl XLIX, Seattle Seahawks y New England Patriots vuelven a coincidir en el escenario más importante de la NFL. Este domingo, en la Bahía de San Francisco, ambas franquicias no solo disputarán el trofeo Vince Lombardi, sino la posibilidad de marcar el inicio de una nueva era en la liga.
El recuerdo de aquel duelo de 2015 —definido por la intercepción de Malcolm Butler en la yarda uno— sigue vigente. Sin embargo, hoy las circunstancias son distintas: plantillas rejuvenecidas, entrenadores emergentes y organizaciones transformadas tras profundos procesos de reconstrucción.
Dos franquicias renovadas en busca de la cima
New England: reconstrucción tras la era Brady-Belichick
Siete años han pasado desde el último campeonato de los Patriots. En ese lapso, la franquicia vivió una revolución interna con las salidas de Tom Brady y Bill Belichick, decisiones erráticas en el draft y una temporada 2024-25 con récord de 4-13.
La llegada de Mike Vrabel marcó un punto de inflexión. Bajo su dirección, el equipo recuperó identidad competitiva hasta proclamarse campeón de la Conferencia Americana. Ahora, New England está a un triunfo de convertirse en el máximo ganador en la historia del Super Bowl.
El reto no es menor: una victoria los colocaría en solitario como la franquicia más exitosa del evento; una derrota, en cambio, también los dejaría como el equipo con más finales perdidas (seis).
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Seattle: el renacer tras la “Legión del Boom”
Seattle también tuvo que esperar once años para regresar al Super Bowl desde aquella dolorosa derrota ante los Patriots. Ese episodio marcó el declive de la histórica “Legión del Boom” y posteriormente la salida de figuras como Russell Wilson y Pete Carroll.
Hoy, el equipo vive una nueva etapa bajo el mando del joven entrenador Mike Macdonald, considerado una de las revelaciones en los banquillos de la NFL. Su proyecto ha revitalizado a la franquicia con una defensa sólida y una ofensiva eficiente.
Dominio en playoffs: números que respaldan a Seahawks y Patriots
En el terreno de juego, Seattle ha mostrado equilibrio en ambos lados del balón. En la ronda divisional y el campeonato de la NFC acumuló 72 puntos a favor y permitió solo 33. Además, llega al Super Bowl con el promedio más bajo de puntos admitidos por partido en la temporada (17.2).
Durante la campaña regular, únicamente 49ers, Rams y Buccaneers lograron superarlos, y en los tres casos por diferencias de cuatro puntos o menos, lo que refleja su competitividad.
Por su parte, New England comenzó el año con una inesperada derrota ante Raiders —equipo que terminó con récord de 3-14—, pero ajustó rápidamente el rumbo. En playoffs superó a Chargers (16-3), Texans (28-16) y Broncos (10-7), mostrando capacidad para ganar tanto en duelos defensivos como en partidos de mayor producción ofensiva.
Un Super Bowl con sabor a revancha y legado histórico
El enfrentamiento no solo representa una revancha simbólica para Seattle, sino una oportunidad histórica para New England. Ambas franquicias llegan con argumentos sólidos y proyectos jóvenes que podrían dominar la NFL en los próximos años.
Más que un simple partido, el Super Bowl 2026 enfrenta dos procesos de reconstrucción exitosos que buscan consolidarse como la próxima dinastía del futbol americano profesional.


