La NFL es posiblemente la liga más competitiva del mundo. Es una de las pocas que, por su estructura, realmente propicia la paridad. A diferencia de otros deportes, en la NFL es muy complicado encontrar dinastías que dominen la liga por muchos años, cuando se ve, es algo realmente excepcional. Gracias a las estrictas reglas de tope salarial es imposible que un equipo acapare a los mejores jugadores. Todas las franquicias, incluidas las más malas, tienen figuras de élite. El éxito no recae tanto en el poderío económico sino en la capacidad de hacer bien las cosas a corto, mediano y largo plazo, y de sacarle el mayor jugo posible a cada una de sus piezas. Sobran los ejemplos de jugadores que tuvieron que llegar al lugar adecuado para poder brillar. ¿Qué hubiera sido de Drew Brees si nunca hubiera llegado con Sean Payton a los Saints de Nueva Orleans?

El Super Bowl LX nos regaló una historia parecida con Sam Darnold. Este domingo se enfrentaron en Santa Clara los Seahawks de Seattle y los Patriots de Nueva Inglaterra, en una reedición del Super Bowl XLIX. En esta ocasión, gracias a una implacable solidez defensiva, los Seahawks se impusieron con claridad consiguiendo así su segundo campeonato. Sam Darnold demostró que sólo tenía que llegar al lugar adecuado para demostrar su verdadero potencial. Algo que no pudieron hacer ni los Vikings ni los Jets.

El campeonato de los Seahawks no es casualidad, es producto del trabajo en equipo y una buena planeación. La temporada anterior, se quedaron a la orilla de entrar a los playoffs tras quedar fuera por criterios de desempate en la división más complicada de la conferencia nacional. Con todo y que su QB era Geno Smith, su entrenador los guió a una temporada con 10 victorias. Los Patriots, por otro lado, con un calendario muy favorable, demostraron que cuando se sabe lo que se hace, una reconstrucción no tiene por qué tardar tres décadas. No obstante, su participación en el Super Bowl fue más por suerte que por otra cualidad.

La próxima temporada la NFL llevará a cabo partidos en Brasil, Alemania, Australia, Reino Unido, España, Francia y México, confirmando así su poderío y sus pretensiones globales acordes a las de la filosofía imperial estadounidense. El show de medio tiempo, pensado para algunos urgidos por creer en algo en tiempos difíciles, no fue una declaración política, sino una de mercado. Utilizar a un multimillonario puertorriqueño balbucear nombres de países latinoamericanos es una buena forma de seguir ganando adeptos en un mercado sumamente atractivo para los grandes capitalistas que están detrás de las franquicias del futbol americano. La NFL, la misma liga que aunque esté peleada con Trump acabó con la carrera de un jugador por protestar contra la violencia contra la población afroamericana, el domingo lavó un poco su imagen y consolidó su posición en el siempre lucrativo mercado latino.