En Quintana Roo estamos viviendo un momento que exige serenidad, conciencia y, sobre todo, responsabilidad colectiva. El sarampión no es un tema menor ni una enfermedad del pasado.
Hoy tenemos 31 casos confirmados en el estado: 9 en Benito Juárez, 1 en Isla Mujeres, 13 en Othón P. Blanco, 7 en Playa del Carmen y 1 en Puerto Morelos.
Son cifras que deben preocuparnos, pero no alarmarnos.
A nivel nacional, Quintana Roo se encuentra en un punto relativamente positivo. Basta mirar lo que ocurre en Jalisco, donde se han registrado más de dos mil casos. Esa comparación nos deja una enseñanza contundente: estamos a tiempo. No estamos desbordados, no estamos rebasados, pero sí estamos advertidos. Y la advertencia es clara: si no actuamos ahora, el problema puede crecer.
Hay un dato que me parece revelador y profundamente ilustrativo: el 90 por ciento de las personas que han contraído sarampión no estaban vacunadas.
Es un hecho duro, contundente y elocuente. La vacuna funciona. La vacuna protege. La vacuna salva.
En Quintana Roo se han aplicado 62 mil 275 dosis entre el 30 de enero y el 18 de febrero de 2026. Es resultado de una estrategia intensiva, organizada y responsable. Existe una meta estatal ambiciosa: aplicar 376 mil 596 vacunas en 10 semanas. Es una meta preventiva que busca blindar a nuestra población más vulnerable.
Los puntos de vacunación están disponibles de manera permanente en los Hospitales Generales y en las clínicas del ISSSTE, IMSS e IMSS-Bienestar en todos los municipios. No hay pretextos geográficos.
La prioridad es inmunizar a niñas y niños que no tienen su esquema completo. Desde los seis meses de edad se contempla la llamada “dosis cero”, que no sustituye las vacunas de los 12 y 18 meses, pero que brinda una protección temprana. Si un menor ya cuenta con sus dos dosis, está protegido y no necesita refuerzo. Y quienes tienen entre 13 y 49 años y no han sido vacunados pueden recibir una dosis única preventiva.
Me parece relevante destacar que existe seguimiento puntual a la estrategia nacional de vacunación. Se han sostenido reuniones de trabajo para revisar el comportamiento epidemiológico y evaluar metas y cobertura. Eso habla de coordinación, de vigilancia constante y de una política pública activa, no improvisada.
Hoy el mensaje es prevenir antes que lamentar. Quintana Roo tiene la oportunidad de mantenerse en control, de demostrar que una sociedad informada y participativa puede frenar una enfermedad prevenible. No es tiempo de minimizar, pero tampoco de exagerar. Es tiempo de actuar con sensatez, con compromiso y con responsabilidad.
Porque al final, más allá de cifras y estadísticas, lo que está en juego es la salud de nuestras niñas y niños, el bienestar colectivo y la tranquilidad de nuestras familias.

