Con el advenimiento del Mundial, y como yo también gozo a veces más de las historias que suscita que del propio juego (un poco como Sebastián, de quien ya sabrán más adelante), me propuse realizar un ejercicio de lectura enfocado en una aproximación a cada uno de los 48 países que serán representados en el certamen veraniego. Empezando alfabéticamente, en el Grupo A, tenemos a los Bafana Bafana, el Tri, los surcoreanos y un equipo más por definir.

Sudáfrica, como todos, es un país de contrastes, en el pasado tuve la oportunidad de leer una novela de su Nobel, J. M. Coetzee, y aunque me dejó un gran sabor de boca, sentí que se situó en un contexto aparte y, al ser mi afán otro, decidí en vez de retomar, probar con algo nuevo que me permitiera tener un conocimiento más a fondo de aquella sociedad.

La bandera sudafricana (de notable belleza y semejante a un arcoíris) representa a una multitud de naciones que le llaman hogar a esta nación austral. Desde los pioneros holandeses, pasando por los británicos, los pueblos nativos, y más inmigrantes.

La promesa

Elegí adentrarme en una novela de un autor que dos veces entró a la lista corta del Booker, y que a la tercera salió triunfante, cuando en 2021, Damon Galgut se llevó a casa el galardón por su trabajo al narrar el proceso de descomposición de una familia de finales del siglo XX, en su tránsito hacia el Nuevo Milenio.

Los Swart (que vendrían a ser los Moreno, en un país hispanohablante), surgen de la unión de una mujer judía y un hombre de origen protestante que entre reptiles se encontró con una muerte escamosa. Pero antes, procrean tres hijos -un varón, dos mujeres- junto a los que mantienen su granja familiar a las afueras de Pretoria. Ah, y la servidumbre, cercanos pero no tanto. Unidos pero no del todo. Una de las extrañas fusiones que mantienen al país como un todo.

La historia arranca cuando el Apartheid se mantiene vigente, al morir la matriarca, los hijos se desbalagan y pasa a exponer la violencia de un nuevo país en el que se acabó la segregación pero la corrupción y la discriminación siguen siendo de los negocios más pujantes. Pero no hay necesidad de tocar ese tema, hagamos de cuenta que ni lo mencioné.

En las páginas de The Promise me pude dar una salpicada por la cultura de esta región del orbe y conocer algunas figuras interesantes, costumbres y hasta de atractivos turísticos de la tierra de Nelson Mandela, además de fallas en la electricidad, sequías… Negarlo no cambia nada.

Que levante la mano aquel que no ha sentido que su país lo ha decepcionado. El mundo se repite sin parar, las mismas historias en distintos escenarios, que al final demuestran no ser nada originales. Los tormentos de la condición humana.

Pero bueno, la resignación trae consigo el alivio y al final cuando se acaba el amor, queda la amabilidad, que puede que incluso sea más fuerte.

Cuando nos olvidamos de todo y todos, nos perdemos en nosotros mismos, o nos volvemos ello mismo. ¿Qué es uno mismo?, ¿quién puede realmente soltar su pasado?

Uno nunca sabe cómo es que hay que vivir correctamente.