Obra estratégica marcada por retrasos y dudas

El anuncio de que el Puente Nichupté abrirá en abril de 2026, tras alcanzar un 95 por ciento de avance, confirma lo que ya es evidente: se trata de una obra estratégica para Cancún, pero también de un proyecto plagado de incumplimientos. 

Es la sexta fecha tentativa de inauguración desde 2022, reflejo de una planeación deficiente y de ajustes constantes que han disparado el costo inicial de cinco mil 570 millones a más de 10 mil 899 millones de pesos, casi el doble. A ello se suman las observaciones de la Auditoría Superior de la Federación por 494.8 millones de pesos en presuntas irregularidades, que ponen en entredicho la transparencia del proceso.

Aunque las autoridades insisten en su relevancia para la movilidad, la obra carga con retrasos, sobrecostos y cuestionamientos que revelan la fragilidad de la gestión pública en proyectos de gran escala. ¿Será?

Fuerza colectiva por la justicia

La convocatoria de las colectivas feministas de Cancún para la mega marcha del 8 de marzo es una muestra positiva de organización ciudadana frente a la violencia que enfrentan las mujeres en Quintana Roo.

Con la expectativa de reunir entre ocho y 10 mil participantes, la movilización busca visibilizar problemáticas como la violencia intrafamiliar, la trata de personas y los feminicidios, al recordar que el Día Internacional de la Mujer es una jornada de exigencia y no de celebración.

El carácter pacífico, separatista y trans incluyente de la marcha, acompañado por organismos de derechos humanos, refuerza su legitimidad y seguridad. La acción simbólica en memoria de las víctimas y la presencia de madres buscadoras subrayan la fuerza de un movimiento que desde la unidad, exige justicia y políticas públicas efectivas para garantizar la vida y la dignidad de todas las mujeres. ¿Será?

Señales de transición hacia la formalidad laboral

La contracción de la economía informal en Quintana Roo durante el tercer trimestre de 2025, con una caída de 8.1 por ciento en su Valor Agregado Bruto, puede leerse en clave positiva: refleja un proceso de ajuste que abre espacio para la formalización laboral.

Aunque los empleos informales disminuyeron, las remuneraciones de los trabajadores asalariados crecieron 2.4 por ciento, lo que muestra que quienes logran incorporarse a esquemas formales acceden a mejores condiciones salariales y de seguridad social.

Este contraste pone al descubierto que la economía del estado avanza hacia un modelo más sólido y sostenible, en el cual la productividad y la estabilidad laboral sustituyen a la precariedad. El reto será acelerar la creación de empleos formales, pero la tendencia apunta a un cambio estructural que fortalece la calidad de vida de los quintanarroenses. ¿Será?