Durante el siglo XX, hubo diversas corrientes y teorías del derecho encaminadas a encontrar la mejor forma de crear normas jurídicas y de sentar las bases para hacer justicia, luego de haber pasado por el salvaje constitucionalismo alemán de la República de Weimar, que, con base en la interpretación nacional socialista del derecho provocó una guerra mundial y la muerte de millones de personas en el planeta.
Esta guerra, justificada también en una teoría interpretativa del derecho alemán, culminó con la cereza del pastel de la reducción al absurdo cuando en los juicios de Nuremberg, quienes pugnaban por la aplicación del derecho natural y del derecho humano, terminaron aplicando un clásico bíblico del “ojo por ojo”, pasando por encima del derecho existente.
Así comenzó la historia de lo que hoy se defiende desde varias trincheras como internacionalización de los derechos humanos, a los que denominan “principios”, originado en un juicio transformado en un circo internacional en el que se violentaron de igual manera los espacios soberanos de diversos países, secuestrando personajes del nazismo y haciendo de los derechos humanos una sangrienta venganza a la que se le llamó justicia.
El riesgo de la interpretación jurídica
Andres Rosler, filósofo del derecho argentino, en su obra “La Ley esLa Ley”, citando a Jeremías Bentham nos dice que interpretar ha significado cosas eternamente diferentes en la boca de un abogado y en la boca de otra persona. Interpretar un pasaje de un autor es mostrar el significado que él tenía en mente; interpretar una ley, en el sentido de un abogado romano, es pasar por alto la intención claramente expresada con el fin de sustituirla por otra, presumiendo que este nuevo significado era la intención real del legislador.
Parafraseando a Stanley Fish, Rosler nos dice que interpretar es simplemente el acto de determinar qué es lo que alguien quiso decir con esas palabras. Entonces, la respuesta a la muy vieja cuestión de cuál es el significado de un texto es: un texto significa lo que su autor o autores tienen la intención de decir.
Sin embargo, en la actualidad la interpretación del intencionalismo de Ronald Dworkin parece ser la más acertada los movimientos realizados por Estados Unidos, ya que para ese autor, el intencionalismo tiene razón al sostener que el significado de una obra depende de la intención del autor; sin embargo, según él, la intención del autor sumada a la del intérprete es la que da el mejor resultado, aunque en realidad, lamentablemente el resultado de ese doble ejercicio interpretativo que busca la intención detrás de la norma se aleja de la literalidad y termina siendo algo que poco o nada tiene que ver con el derecho escrito.
Eso es lo que está sucediendo en gran parte de nuestro planeta, en el que las potencias como Estados Unidos, haciendo una interpretación intencionalista de la justicia y de los principios democráticos, ーcomo en los tiempos de la constitución de Weimarー, tuvo a bien intervenir la política y la economía de un país como Venezuela ーsin entrar en la discusión maderistaー violentado el derecho positivo internacional público, solamente para llevar la narrativa del gran héroe que salva al mundo en pro de los derechos humanos, pero violentándolos en su totalidad, como sucedió con Nuremberg.
En la actualidad, la teoría intencionalista va mas allá cuando se disfraza de justicia para el pueblo, para los más necesitados, para las víctimas del otro, como pueden ser los que viven un régimen distinto al capitalista de Estados Unidos. Este intencionalismo, aplicado al cine, lo podemos ver en todas las películas y series emanadas de Hollywood en las que pintan a los ciudadanos chinos o rusos siempre en necesidad, en depresión, con cielos y ciudades grises, como si el tiempo de hubiese detenido en esas naciones etiquetadas como comunistas, y que a los ojos de las masas más manipuladas se vuelve una realidad. De seguir con esta teoría intencionalista del derecho, tal como pasó en México con el Poder Judicial, la vida seguirá, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido.
Hugo Alday Nieto.

