Estados Unidos y el T-MEC, la presión disfrazada de diálogo
Las declaraciones de Ildefonso Guajardo sobre la revisión del T-MEC evidencian una realidad incómoda: Estados Unidos utiliza el tratado como instrumento de presión más que como un mecanismo de cooperación equitativa.
Mientras en Washington se insiste en señalar a México por supuestas violaciones en materia energética, fiscal o ambiental, se omite reconocer que el acuerdo ha beneficiado de manera directa a exportadores estadounidenses, muchos de ellos aliados políticos clave.
El caso Calica se convierte en ejemplo de cómo se pretende imponer condiciones bajo la amenaza legislativa, ignorando la soberanía mexicana y los contextos locales. Aunque el 90 por ciento de las empresas estadounidenses respaldan la continuidad del tratado, la narrativa oficial busca mantener a México bajo constante escrutinio. El reto es claro: defender los intereses nacionales sin ceder ante la lógica de un socio que, bajo el discurso del libre comercio, insiste en ejercer control y ventaja unilateral. ¿Será?
Innovación y apertura con visión de futuro
El anuncio del senador Eugenio Gino Segura sobre la construcción de un centro de procesamiento de sargazo marca un paso decisivo hacia la transformación de un reto ambiental en oportunidad productiva.
Fertilizantes, cosméticos y otros derivados podrán surgir de esta macroalga, con métodos de recolección que protejan el ecosistema y fortalezcan la economía local. La coordinación entre los tres niveles de Gobierno refleja una estrategia integral que apuesta por soluciones sostenibles y de largo plazo.
Paralelamente, el impulso a la Ley de Acceso a las Playas reafirma el compromiso con la ciudadanía y la protección de áreas naturales. Quintana Roo avanza con visión positiva hacia un futuro más justo, sostenible y competitivo. ¿Será?
Playas limpias pese al reto de la temporada alta
El registro de hasta 15 toneladas de basura recolectadas en una sola semana durante la pasada temporada alta en Cancún refleja no sólo la magnitud del turismo que recibe la ciudad, sino también la capacidad de respuesta de sus brigadas de limpieza.
Bajo la coordinación de la Dirección de Pozos y Playas, cerca de 90 trabajadores distribuidos en siete zonas lograron mantener los arenales en condiciones óptimas, incluso en momentos de máxima afluencia. La atención inmediata en playas como Delfines y Del Niño evitó acumulaciones y garantizó espacios seguros y agradables para visitantes y residentes.
Este esfuerzo confirma que, aun frente a cifras extraordinarias de residuos, la operación municipal se mantuvo bajo control. Más allá de la temporada, el llamado a la corresponsabilidad ciudadana fortalece la idea de que conservar limpias las playas es tarea compartida, y Cancún demuestra que puede enfrentar el reto con eficacia y compromiso. ¿Será?

