El turismo no se mueve solo por números; se mueve por percepciones, por cercanía, por confianza y, hoy más que nunca, por el clima político que se respira en el mundo. Y ahí es donde el Caribe mexicano tiene una oportunidad histórica que no podemos dejar pasar.
El estadounidense promedio no es un viajero exótico ni complicado. Viaja, sobre todo, a donde le queda cerca y a donde se siente cómodo. Por eso, tradicionalmente, sus principales destinos han sido México y Canadá, por pura proximidad.
Después vienen algunos países europeos muy específicos y conocidos: Reino Unido, Francia e Italia. Lugares familiares, previsibles, que no generan sobresaltos. No es casualidad: el turista común busca tranquilidad.
Pero el tablero internacional se está moviendo. Las tensiones políticas que hoy rodean a Estados Unidos —desde la relación con Canadá, la postura sobre Groenlandia, Venezuela o Irán— están empezando a pesar en la decisión de viaje.
No porque el estadounidense deje de salir, sino porque empieza a preguntarse a dónde sí y a dónde no.
De hecho, ya se refleja en una reducción cercana al 20 % de los viajes desde Estados Unidos hacia Canadá. Es un aviso claro: algo se está reacomodando.
Y mientras eso pasa, México aparece como el destino natural para absorber esa redefinición. No somos una opción lejana ni desconocida.
Somos cercanos, cálidos, accesibles y, sobre todo, conocidos por millones de estadounidenses que ya han pisado nuestras playas.
Más aún cuandl Caribe mexicano se reinventa y se diversifica con 12 destinos turísticos y con el impulso al turismo rural y comunitario con Mayakaan como ejemplo.
Ahora bien, para quienes dicen que todo esto es solo percepción y no realidad, ahí están las cifras globales que dio a conocer el Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC), encabezado por Gloria Guevara.
El turismo mundial está viviendo un momento sin precedentes. Se estima que el sector cerrará con una derrama de 11.7 billones de dólares a nivel global, creciendo más del doble que la economía mundial.
Mientras el mundo avanza a un ritmo cercano al 3 %, el turismo crece al 6.7 %. Más de 1,500 millones de llegadas internacionales, 80 millones de viajeros más que el año anterior, lo que equivale a 219 mil turistas adicionales cada día recorriendo el planeta.
Ese crecimiento no se detiene, pero sí se concentra.
Los turistas siguen yendo a los mismos países, a los mismos destinos. Y ahí está el reto y la oportunidad: ¿por qué no hacer que una mayor parte de ese flujo llegue al Caribe mexicano?
¿Por qué no convertirnos en el refugio natural de quienes hoy dudan de viajar a ciertos países por razones políticas?
Hoy, más que nunca, el Caribe mexicano está presente, hablando claro, mostrando estabilidad y hospitalidad.
El mensaje político global está empujando a los viajeros a buscar destinos sin sobresaltos.
Y en ese mapa, el Caribe mexicano aparece como una opción lógica, atractiva y confiable.
Si entendemos que el turismo no huye, solo se mueve, entonces podremos aprovechar este momento.
Porque al final, la gente solo quiere sentirse segura y regresar a casa con buenos recuerdos. Y eso, hoy por hoy, el Caribe mexicano lo puede ofrecer.

