En el 2025, mi amigo de Carrillo Puerto se propuso conocer Hungría. Compró sus boletos, reservó el lugar donde se hospedaría y procedió a buscar algún libro de un autor de aquel país que le ayudara a aproximarse a esa nación tan lejana. Aquí no somos mucho de guías turísticas, le restan un poco la magia a los primeros encuentros.
Yo le hubiera recomendado a Marái, por quien me enteré que Budapest son en realidad dos ciudades, pero como no fui requerido… Lo cual en parte al final siempre se agradece, se ahorran los reclamos y además es bueno querer a personas que se atreven a vivir sus propias aventuras, y que después, inesperadamente, te las compartan. Estar muy cerca por lo común impide disfrutar del resultado. Indagando en foros de internet, se decantó por abrir la puerta de su mente a Magda Szabó, y, junto a su chava Chabe, escucharon con fruición un audiolibro previo al viaje.
Paralelismos
El año pasado a mí también me entró una cierta fijación húngara. Las amistades con sus peculiaridades nos recuerdan que no somos seres especiales, simplemente conscientes. De todos aquellos candidatos que se antojaba podrían ganar el Nobel de literatura, un rumano y un húngaro fueron los que más quise conocer (ya que con Rivera Garza y otros cuantos ya tenía el gusto), y que juszto es László quien lo gana.
Prontamente quise leer algo de él, pero no encontré ejemplares, y sucedió entonces que por casualidad me reencontré con Sándor en una tienda de ropa que tiene un espacio destinado a libros de viejo. De esa lectura ya hablé en este espacio en la que fuera mi última entrega del año pasado.
Luego, David Szalay, un canadiense de ascendencia húngara ganó el Booker por su sexta novela, así que ahí me tienen de nuevo en la librería preguntando por títulos inexistentes, y así sufrí en carne propia lo que es vivir un tanto alejado del foco de influencia literario anglosajón, lo que casi que me empuja a caer por un acantilado.
Sólo cuando pude hacerme con un ejemplar de Tango satánico, traducido por Adan Kovacsics, encontré cierto sosiego. No les voy a contar por acá de qué trata, para ello se podrá recurrir a otras fuentes. Sólo soltaré unas reflexiones inconexas:
Aunque pongamos a funcionar nuestra imaginación sin cesar, a veces no nos acercaremos ni un paso a la verdad. El realismo mágico, no es sino la experiencia sirviendo a la pluma. Tardamos años en conocer a los microorganismos y por mucho tiempo pensamos que existía tal cosa como la generación espontánea. ¿Adónde se van las arañas ya que terminan de tejer?
Siempre desconfío de quienes afirman sólo creer en lo que pueden ver con sus propios ojos, ¿te cae? Si abrimos bien las orejas, quizá hasta podremos conocer el lugar exacto donde los ponis pastan, ir coleccionando las piezas de un rompecabezas y soñar nuestra propia vida.
Pero bueno, leído lo leído con su primera publicación, quedo con más ganas de adentrarme en ese peculiar estado mental que nos comparte un médico y descubir más acerca de su peculiar Melancolía de la resistencia.

