Un buen día, una mujer fue a recoger a su hija a casa de una compañera tras una entretenida tarde de juegos. Se presentó en la dirección indicada en el directorio de padres de familia, y se encontró con que el predio había dejado de ser un hogar. Sin ningún mueble a la vista y ni una sola alma en el lugar, ¿dónde podría estar su pequeña?

Resultó ser que los antiguos inquilinos recién se habían mudado y esto aún no se había anunciado a la escuela. Menos mal, falsa alarma. De ahí no hubiera pasado de no ser porque la profesión actual de Andrea Mara es la de escritora de novelas policiacas.

Así que de inmediato echó a andar su imaginación y pensó en cuánto le costaría pagar el rescate de su hija, ¿confiaría en la policía? ¿Quién podría ser el maldito? Esta anécdota fue creciendo en su mente y con el pasar del tiempo se convirtió en el sustento de su cuarto libro.

Ella dice que escribir le sirve de terapia, y le fue vital para conservar una carrera en el sector financiero por cerca de dos décadas, hasta que se dio cuenta que podía abandonarla.

De 2017 a la fecha han visto la luz del día ocho novelas de su autoría, y vienen más en camino. Ella invita a todo mundo a escribir y tiene un texto incluso con recomendaciones para hacerlo, intitulado ‘Cómo convertirse en un autor publicado en sólo 43 años y 24 simples pasos’. El primero de ellos es no hacer nada durante los primeros 30. Por algo se empieza.

Su peor pesadilla

El pasado fin de semana, estando al otro lado del muro, mi suegra tuvo a bien recomendarnos ver una serie. En esta, la protagonista comete una distracción que conlleva al rapto de su primogénito. Es tanta la presión por exprimir nuestras horas laborales que a veces quisiéramos resolverlo todo con un clic y ya, pero la vida no es tan fácil.

Tener una vida de pareja y una familia conlleva mantener un diálogo constante con tu entorno, y aún con la mejor comunicación del mundo, siempre habrá aspectos que se nos pasen por alto. Este gran producto audiovisual pone en cuestionamiento por qué vivimos como vivimos, para qué tenemos hijos, nos casamos o decidimos compartir nuestra vida con otros. ¿Es que ser uno solo, al fin no nos basta?

A la par que entretiene, invita a reflexionar sobre las relaciones entre cuidadores. La responsabilidad de criar, ¿es compartida? La tarea de siempre, hasta cuándo dejaremos de ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.

Dentro de las actuaciones y el guion magistral que tejen cada uno de los ocho episodios que la componen, me quedo con el gran favor que hacen de retratar la vida del detective encargado del caso, interpretado por Michael Peña. Es habitual ver en pantalla a elementos policiales podridos por el sistema y con un desaseado (o inexistente) ambiente familiar, no es el caso aquí. La historia principal se detiene en el momento preciso para contar la historia de la familia Alcaras, y de su hijo con síndrome de Williams, de la que ya no digo más porque vale mucho la pena entregarle algo de nuestro valioso tiempo a la cajita (no tan) idiota.