Cinismo disfrazado de preocupación
El llamado del PRI en Quintana Roo para blindar instituciones contra la infiltración criminal resulta un ejercicio de cinismo político. Que un partido con larga historia de pactos y tolerancia hacia el crimen organizado ahora se presente como paladín de la transparencia es una contradicción que erosiona aún más la confianza ciudadana.
Los discursos de Cora Amalia Castilla Madrid sobre instituciones limpias ignoran que fueron precisamente gobiernos priistas los que abrieron espacios al poder del narco en distintas regiones del país.
No basta con exigir sanciones más duras ni con pronunciar frases solemnes; el PRI debe reconocer su responsabilidad histórica en la penetración criminal y asumir que su credibilidad está marcada por décadas de complicidad. Sin memoria y autocrítica, sus llamados suenan más a oportunismo que a compromiso real. ¿Será?
Ciudadanía contra la corrupción
La apertura de un canal de denuncias vía WhatsApp para reportar actos de corrupción en Playa del Carmen es un paso positivo hacia la transparencia y la rendición de cuentas.
La iniciativa del Órgano Interno de Control, encabezada por Cristina Alcérreca, facilita que cualquier ciudadano pueda señalar cobros indebidos, extorsiones o irregularidades en trámites municipales sin obstáculos burocráticos. Que ya existan 180 denuncias ciudadanas refleja confianza en el mecanismo y la voluntad de participar en la vigilancia pública.
La tecnología se convierte en herramienta de empoderamiento social, al acercar la fiscalización a la vida cotidiana. Si se garantiza seguimiento y sanciones efectivas, este canal puede convertirse en un modelo replicable para otros municipios, mediante el fortalecimiento de la cultura de legalidad y la participación ciudadana en Quintana Roo. ¿Será?
El abandono que corroe el corazón urbano
El deterioro en torno al Parque de Las Palapas y la avenida Yaxchilán refleja el fracaso de los planes para preservar la vitalidad del centro de Cancún. Predios vacíos, locales cerrados y edificios en ruinas proyectan una imagen de abandono que mina la plusvalía, desalienta la actividad comercial y alimenta la percepción de inseguridad.Mientras se presume el crecimiento turístico en otras zonas, el corazón histórico y cultural de la ciudad se hunde en la desidia. La falta de programas de rescate urbano, incentivos fiscales o sanciones a propietarios ausentes convierte al centro en una manzana podrida que amenaza con extender el deterioro. Cancún no puede aspirar a ser capital mundial de las vacaciones si su centro se convierte en símbolo de olvido y decadencia. ¿Será?

