Hay noticias que pasan desapercibidas porque vienen acompañadas de términos financieros que para muchos resultan aburridos o difíciles de entender. Sin embargo, detrás de algunos números se esconden historias que vale la pena contar.
Esta semana se dio la gobernadora Mara Lezama dio a conocer que Quintana Roo es el estado que más ha reducido su deuda per cápita en los últimos diez años. Algunos verán el dato y pasarán de largo. Yo no.
Y no porque me impresionen las estadísticas. Lo que me llama la atención es lo que revela sobre una manera de ejercer el poder.
Durante el borgismo, Quintana Roo fue noticia por sus enormes deudas, por los excesos, por los malos manejos y por gobiernos que parecían convencidos de que el dinero público jamás se acabaría. Se gastaba sin medida y después alguien más tendría que hacerse cargo de la cuenta.
Ese "alguien más" éramos todos.
Cuando se dice que hace una década cada quintanarroense cargaba con una deuda superior a los 21 mil pesos, no significa que hubiera que sacar la cartera para pagarlos.
Significaba que el gobierno había comprometido recursos que pertenecían a los ciudadanos presentes y futuros.
Era una pesada losa que limitaba las posibilidades de crecimiento del estado.
Por eso considero que la reducción de más de 11 mil pesos por habitante tiene una enorme relevancia. Porque demuestra que sí se puede gobernar sin vivir del crédito permanente.
Demuestra que sí es posible administrar sin dejar facturas escondidas para el siguiente gobierno.
Hay quienes creen que la buena política consiste únicamente en inaugurar obras. La buena política también consiste en evitar que las finanzas públicas se conviertan en un desastre.
Porque cuando un gobierno debe menos, paga menos intereses. Y cuando paga menos intereses, dispone de más dinero para lo que verdaderamente se necesita.
Más escuelas. Más hospitales. Más calles. Más infraestructura. Más programas sociales. Más apoyo para quienes menos tienen. Así de simple.
Por eso me parece importante poner atención a otro dato que quizá explica lo que está ocurriendo. Fitch Ratings elevó la calificación crediticia de Quintana Roo de "A" a "A+". No es un reconocimiento menor. De hecho, se trata de una calificación histórica para el estado.
Más aún cuando se recuerda que en 2022 Quintana Roo se encontraba varios escalones abajo.
Algunos pensarán que las calificadoras internacionales son asuntos lejanos a la vida cotidiana. Se equivocan.
Las inversiones observan esos indicadores antes de tomar decisiones. Las empresas los revisan. Los mercados los consideran. Y cuando un estado transmite confianza financiera, se vuelve más atractivo para quienes buscan invertir y generar empleos.
Nadie apuesta por un gobierno que proyecta desorden.
Nadie arriesga capital donde percibe inestabilidad.
La confianza también tiene valor económico.
Por eso las evaluaciones positivas otorgadas por Fitch Ratings, S&P Global, HR Ratings y Moody's no son simples reconocimientos para enmarcar en una oficina gubernamental. Son señales de que Quintana Roo está enviando una imagen distinta hacia dentro y hacia fuera.
Durante demasiado tiempo los ciudadanos vimos cómo la deuda crecía mientras las explicaciones sobraban. Hoy observamos el fenómeno contrario: una deuda que disminuye y una posición financiera que mejora.
Reducir la deuda, mejorar la calificación financiera y cumplir compromisos sin contratar nuevos créditos ss resultado de decisiones políticas, de disciplina administrativa y de una visión que entiende algo fundamental: el dinero público no pertenece a los gobiernos, pertenece a los ciudadanos.

