Anticipo que oculta rezagos financieros

La autorización unánime del Cabildo de Playa del Carmen para solicitar un anticipo de 50 millones de pesos del Ramo 28 refleja más un intento de maquillar la grave crisis financiera que una estrategia preventiva.

Aunque el tesorero municipal Guillermo Brahms insiste en que no se trata de deuda, recurrir a adelantos evidencia la fragilidad de las finanzas públicas y la incapacidad de enfrentar gastos operativos sin comprometer recursos futuros. El argumento del colchón por el sargazo y la baja ocupación hotelera omite un dato clave: el Ayuntamiento arrastra un atraso de hasta siete meses con proveedores, situación que desnuda la falta de planeación y transparencia.

Que los regidores aprobaran sin debate ni cuestionamientos confirma la complicidad y la sumisión al Ejecutivo municipal frente a un problema que está por afectar directamente a la ciudadanía. El anticipo no resuelve la raíz: sólo posterga la rendición de cuentas. ¿Será?

Congreso costoso e ineficiente

El informe del Observatorio Legislativo revela que la XVIII Legislatura presume un 60 por ciento de productividad con 437 iniciativas y 262 decretos aprobados, pero la cifra es engañosa. La mayoría de los temas provienen de iniciativas internas y responden más a la agenda de la coalición dominante —Morena, PVEM y PT— que a las necesidades ciudadanas.

Reformas administrativas y ajustes normativos se presentan como avances, cuando en realidad el Congreso sigue sin atender problemas estructurales como transparencia, movilidad real o combate a la corrupción.

El dato más contundente lo aporta Eduardo Galaviz: el Congreso cuesta a los quintanarroenses un millón y medio de pesos diarios. Un gasto desproporcionado frente a resultados mediocres. La productividad numérica no basta; lo que se requiere es eficacia legislativa y rendición de cuentas, no un aparato oneroso que legisla más para sí mismo que para la sociedad. ¿Será?

Carretera militar que hiere la selva maya

La denuncia de Sélvame MX, Cemda y Greenpeace contra la construcción ilegal de una carretera de 16 kilómetros en Tulum expone la gravedad de un proyecto que fractura el sistema Sac Actun, uno de los acuíferos más frágiles del planeta.

La obra, ejecutada por el Ejército, carece de justificación social y responde más a intereses inmobiliarios que a necesidades comunitarias. El uso de maquinaria pesada sobre suelo kárstico amenaza con hundimientos, contaminación y la interrupción de flujos de agua dulce vitales para la región.

El que la Semarnat avale acuerdos ejidales sin atender la fragilidad del ecosistema revela complicidad institucional y desdén hacia la vida. La selva maya no admite improvisaciones ni especulación: lo que está en juego es el futuro hídrico del Caribe y la supervivencia de especies en riesgo. Urge detener esta cicatriz antes de que el daño sea irreversible. ¿Será?