El Tren-ding del cáncer
Los efectos más comunes de la pomalidomida, al administrarse con el talquetamab como tratamiento contra el mieloma múltiple (tipo de cáncer), son diversos. Los más comunes son: mareos, pérdida de equilibrio, afectaciones a la vista, neuropatías, pérdida de uñas, dientes, cabello y reacciones cutáneas de todo tipo.
Aprovechando la estancia en reposo derivada de ese tratamiento, y la poca calidad de vista de la que puedo gozar en algunos momentos para leer, me di a la tarea de buscar datos trascendentales, a mi parecer, para encontrar áreas de oportunidad en algunos temas de la administración pública para el futuro.
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El impacto del tratamiento y la búsqueda de respuestas
Son pocas las comparaciones que pueden ser tan reveladoras como la que existe entre la inversión pública destinada a combatir los diversos tipos de cáncer y la inversión asignada al Tren Maya. En ambos casos, se trata de inversión pública, pero cada una lo hace desde un ángulo distinto: una desde la infraestructura y el derecho humano a la la movilidad; la otra, desde el principio de la dignidad humana y el derecho a la salud y, por ende, a la vida.
Los números: Presupuesto para el cáncer vs. Tren Maya
En este sentido, en el año 2025, el gobierno mexicano destinó poco más de 17,000 millones de pesos a la lucha contra el cáncer, de los cuales 9,086 millones de pesos se invirtieron a través a del IMSS (para a la atención de cáncer de mama, próstata y cérvicouterino) y 8,000 millones de pesos en el Modelo de Atención Universal de Cáncer de Mama (que incluye la adquisición de mil mastógrafos, mil ultrasonidos, 20 centros de diagnóstico y 32 unidades hospitalarias especializadas).
Sin duda, estamos en presencia de una inversión relevante pero aún modesta cuando las cifras oficiales arrojan cerca de 200 mil diagnósticos de cáncer al año y 100 mil decesos en ese mismo periodo. Es decir que, sin considerar a los pacientes históricos que estamos en tratamiento, en México sobrevive anualmente solo 50% de los casos diagnosticados con algún tipo de cáncer. Son datos oficiales.
El reclamo en particular sobreviene cuando analizamos los datos de inversión del Tren Maya que, tan solo en 2025, ronda los 35,000 millones de pesos, cifra que supera en más de dos veces la inversión total anual contra el cáncer. Y desde mi perspectiva, la diferencia es contundente y hasta obscena.
Prioridades del Estado: ¿Infraestructura o salud?
El cáncer es una amenaza permanente, creciente y de relevancia nacional. Su impacto es transversal: afecta la productividad, la estabilidad emocional de cientos de miles de familias y la capacidad del sistema de salud para responder a enfermedades de alta complejidad. La inversión en su prevención y tratamiento no es solo un gasto, es una obligación moral y constitucional. En cambio, el Tren Maya, aunque estratégico, tiene un impacto regional y depende de factores externos como el turismo, la conectividad y la sostenibilidad operativa.
Esta comparación, si bien parte de una situación personal, no busca descalificar el proyecto ferroviario, sino evidenciar un desequilibrio en la manera en que algunas autoridades han valorado ambos temas económicamente. México hoy invierte más en una infraestructura específica regional que en combatir una de las principales causas de muerte de sus ciudadanos.
Cualquier persona con dos dedos de frente puede percatarse de que las áreas de oportunidad son evidentes. Un país que aspira a crecer de manera equilibrada necesita trenes, carreteras y conectividad, pero también hospitales, oncólogos, hematólogos, medicamentos, procesos como las CART Cell y programas variados de prevención. Porque un país que invierte en infraestructura avanza, pero un país que invierte en su salud prospera. De no ser así, pues la salud seguirá como siguen las cosas que no tienen mucho sentido.
HAN


