Este viernes el Puente Nichupté cumple 97 días en operación. En tres días más, el lunes 10 de agosto, alcanzará los primeros 100 días desde que fue inaugurado por la presidenta Claudia Sheinbaum, el pasado 2 de mayo.

100 días que ya permiten hablar de resultados

Basta recorrer Cancún en plena temporada vacacional de verano para entender lo que está ocurriendo. Miles de vehículos con placas de Yucatán, Campeche, Veracruz, Puebla, Oaxaca, Chiapas y del centro del país circulan diariamente hacia la zona hotelera. Es el periodo del año con mayor presión sobre la movilidad y, aun así, la diferencia es evidente.

Hoy el tránsito avanza. Ya no se viven aquellas interminables filas donde un pequeño incidente podía paralizar durante horas la única entrada hacia la zona hotelera. Hoy existe una alternativa moderna, amplia, segura y eficiente.

Reducir hasta 45 minutos un traslado no significa únicamente llegar antes al trabajo o al hotel. Significa desayunar con los hijos, regresar más temprano a casa, descansar un poco más, perder menos tiempo dentro del automóvil y recuperar horas que antes se quedaban atrapadas entre el tráfico.

Esa es la diferencia entre construir una obra para la fotografía y construir una obra para transformar la vida diaria.

El Puente Nichupté tiene 11.2 kilómetros de longitud, tres carriles con uno reversible, ciclovía, paneles solares, señalética moderna y una vida útil proyectada superior a cinco décadas con el mantenimiento adecuado. Son datos importantes, pero lo verdaderamente valioso es que toda esa ingeniería ya está resolviendo un problema que durante años parecía imposible atender.

Y además lo hace sin cobrar un solo peso

En muchas partes del mundo una infraestructura de estas dimensiones sería de cuota. Aquí cualquier trabajador, cualquier familia, cualquier visitante puede utilizarla gratuitamente.

Esa decisión también habla de una visión de movilidad donde el beneficio llega a todos y no solamente a quienes pueden pagar.

Desde mi punto de vista, ahí está el mayor mérito de esta obra. Un Puente un 100% gratuito.

El Puente Nichupté no apareció de la noche a la mañana. Durante muchos años se habló de él, se anunció, se proyectó y quedó archivado una y otra vez. Permaneció como uno de esos grandes pendientes que parecían destinados a quedarse únicamente en el papel.

Fue hasta la administración de Mara Lezama cuando el proyecto encontró el impulso definitivo. Hubo gestión permanente, reuniones técnicas, negociaciones con el Gobierno Federal y coordinación con la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes para convertir una vieja aspiración en una realidad que hoy utilizan diariamente miles de personas.

Los resultados empiezan a verse precisamente cuando más se necesitaban: en el primer verano completo con el puente en funcionamiento.

Y lejos de detenerse ahí, la estrategia continúa

Hoy ya se construye el Distribuidor Vial Kukulkán, una obra federal superior a los 484 millones de pesos que conectará directamente con el Puente Nichupté. Sus casi dos kilómetros de longitud, incluyendo un puente elevado de 770 metros, permitirán seguir agilizando la circulación hacia la zona hotelera. 

Con un avance superior al 30 por ciento, representa el siguiente paso para consolidar un sistema vial mucho más eficiente para Cancún.

La infraestructura comienza a integrarse como una red y no como obras aisladas.

Lo que hoy representa un ahorro de minutos, con el paso de los años se traducirá en millones de horas recuperadas para las familias y para los trabajadores. 

Los primeros 100 días son apenas el prólogo de una infraestructura diseñada para funcionar durante más de un siglo.