«¡Andrés, eres un viejo enfermo!». Este grito lanzado ayer contra el tercer hijo de Isabel II en Edimburgo ejemplifica la incomodidad que plantea la presencia de este príncipe caído en desgracia en el adiós a la difunta reina, seguido a nivel mundial.
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El hombre de 62 años era el único hijo de la difunta monarca que caminaba vestido de civil detrás del féretro, mientras que sus hermanos, el rey Carlos III y los príncipes Ana y Eduardo, vestían uniformes militares de gala.

Su papel durante los 11 días de luto nacional es uno de los varios problemas incómodos para la Casa de Windsor, que también debe lidiar con la ruptura entre el heredero al trono, Guillermo, y su hermano Enrique, que el sábado aparecieron inesperadamente juntos.

Su exilio refleja el grave daño que se estima que hizo a la familia real con su amistad con el magnate Jeffrey Epstein, quien se suicidó en agosto de 2019 en Estados Unidos tras ser acusado de explotación sexual de menores.

Andrés, padre de dos hijas –las princesas Beatriz y Eugenia–, fue acusado de abusar sexualmente de Virginia Giuffre cuando tenía 17 años, unas acusaciones a las que puso fin pagando millones de dólares en virtud de un acuerdo extrajudicial.