Alberto Lati
Alberto Lati

Latitudes
Por Alberto Lati
Twitter: @albertolati

“¿Realmente no es posible tocar la mesa de juego sin infectarse instantáneamente por la superstición?”. El Jugador, Fiódor Dostoyevski.

Como todo apostador empedernido, el deporte de élite planea su regreso pensando en escenarios ideales. Es el costo que parece asumir para rescatarse financieramente, como si sólo él sufriera los estragos de la pandemia, como si no se tratara del caso de tantísimos tantos otros tambaleantes rubros de la economía.

Una ruleta. Así pinta este retorno que tiende a comenzar en mayo y a generalizarse en junio, con el deporte encarnando a ese jugador de Dostovievski convencido de que el azar le sonreirá: “Me había confiado una misión: ganar la ruleta fuese como fuese. No tenía tiempo de preguntarme por qué ni en cuanto tiempo había que ganar”, admite el narrador, Alexéi Ivánovich.

Ruleta que ya nos recordó su naturaleza caprichosa, por no decir estadística, a unos días del reinicio de la Bundesliga. Con los planteles ya trabajando en bloques de hasta diez personas, tres integrantes del club Colonia dieron positivo por Covid-19. Sólo imaginar las posibilidades de contagio, la tensión creció desde cada estadio hasta el parlamento o Bundestag. ¿Y si más elementos del equipo se contagiaron? ¿Y si al salir de las instalaciones cada uno, a su vez, contagió por lo menos a otras dos personas? ¿Y si similar circunstancia sucediera ya con el torneo reactivado, con partidos en marcha, por mucho que se esté limitando al máximo la cantidad de asistentes a cada cotejo?

Primero, la Bundesliga que garantizaba su vuelta para el 9 de mayo, hoy lucha para retomar el 16 y no descarta hacerlo hasta el 23. Segundo, queda reforzada la única tesis que hoy hace viable culminar la temporada: aislar por completo a la totalidad de los involucrados en el evento, desde jugadores y árbitros hasta camarógrafos y periodistas. Cualquiera contacto ajeno a ese microcosmos representará un cabo suelto y, por ende, un posible hueco de caída en esta ruleta.

Desde el cuerpo médico de la Bundesliga se esgrime que, con más de mil análisis efectuados en los pasados días en las dos primeras divisiones germanas, eran inevitables algunos resultados positivos; incluso afirman que esto confirma el buen funcionamiento de su operativo de prevención. Quizá sí. Aunque en el fondo la proporción será la misma que a escala nacional. Si entre los 83 millones de alemanes se reportan unos 200 mil casos (1 en cada 415 personas), la proporción en el futbol resulta un tanto menor con esos 3 de 1,000. Así que nada de que sorprenderse. Así que tampoco nada como para confiarse.

El deporte sólo puede regresar propiciando un universo estéril y aislado a rajatabla de la realidad. No hay otro camino. Antes de entrenar de dos en dos o de diez en diez, es ineludible confirmar el estado de todos los implicados.

De forma inconsciente, el futbol ya fue multiplicador de la pandemia en los duelos de Champions Atalanta-Valencia y Liverpool-Atlética. Sería imperdonable también serlo de forma consciente.

Una opción es acercarse a la ruleta como el apostador que sólo visualiza desenlaces perfectos. La otra, erradicar la ruleta en rotundo. Es decir, antes de toda convivencia, analizar. Analizados y convencidos, aislar.

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