Este domingo se vivieron horas intensas. La detención de Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como “El Mencho”, en Jalisco, sacudió el tablero nacional y, como suele ocurrir, desató reacciones violentas en distintos puntos del país.
No es la primera vez que un hecho de alto impacto intenta convertirse en un mensaje de intimidación colectiva. Lo preocupante no fue sólo lo que ocurrió allá, sino la intención evidente de sembrar miedo en lugares donde la paz social y la actividad cotidiana son esenciales, como nuestro querido Quintana Roo.
Aquí, en esta tierra trabajadora, se quiso instalar la narrativa del caos. Circularon audios alarmistas, imágenes fuera de contexto, rumores irresponsables. Se habló de incendios inexistentes, de cierres que nunca ocurrieron, de ataques que jamás sucedieron.
Se intentó dibujar un escenario catastrófico que no correspondía con la realidad que veíamos en las calles, en las escuelas, en los hospitales, en los aeropuertos y en las carreteras.
Sí, hubo hechos aislados. Tres vehículos incendiados en la carretera Cancún–Leona Vicario; siete en Playa del Carmen; cinco en Tulum; un par de comercios afectados. 14 detenidos. Punto.
No hubo aviones incendiados, no hubo cierre de la zona hotelera, no ardieron hospitales ni escuelas. No se quemó ningún banco ni tienda de autoservicio. La mayoría de las historias que circularon fueron burdas falsedades amplificadas con irresponsabilidad.
Y mientras en redes sociales algunos apostaban por el pánico, la realidad mostraba otra cosa: más de 600 mil turistas disfrutando nuestros 12 destinos el fin de semana; ocupación hotelera cercana al 90 por ciento; más de 600 operaciones aéreas diarias el domingo y el lunes; 34 cruceros arribando a Cozumel y 16 a Mahahual durante la semana.
Eventos multitudinarios como el Festival Gastronómico del Caribe Mexicano en Cozumel y el Maratón de Aguas Abiertas en Puerto Morelos se realizaron con éxito y entusiasmo. Esa es la verdadera fotografía de Quintana Roo: dinámica, resiliente, vibrante.
Los grupos criminales buscan demostrar músculo y capacidad de perturbación tras un golpe a su estructura. Por otro, el Estado, con la gobernadora Mara Lezama, respondió con presencia, coordinación y firmeza. La sesión permanente de la Mesa de Seguridad y el despliegue de miles de elementos fueron son señales claras de que la gobernabilidad no está en entredicho.
Pero hay un tercer actor en esta ecuación: nosotros, la sociedad. Si permitimos que el miedo nos domine, si compartimos sin verificar, si reproducimos imágenes de otros estados como si fueran nuestras, entonces contribuimos, sin querer, al objetivo de quienes desean paralizar la vida pública. El miedo es contagioso, pero también lo es la serenidad.
Quintana Roo no es un territorio sitiado ni un destino en llamas. Es un estado que enfrenta desafíos con determinación y que, pese a intentos aislados de desestabilización, mantiene su ritmo productivo, su vocación hospitalaria y su energía inquebrantable. Aquí las actividades comerciales, turísticas y de servicios continúan con normalidad. Aquí la gente sale a trabajar, los niños van a la escuela, los viajeros llegan y se maravillan.
Hoy más que nunca, la mejor respuesta al intento de intimidación es la vida cotidiana funcionando. Esa es nuestra mayor fortaleza y el mensaje contundente: aquí no nos paralizan.

