La unidad interna es el talón de Aquiles de todos los partidos: los del poder y los de oposición. Ningún partido se salva de disputas internas serias, a nivel nacional y en cada estado. No hay un partido que marque la diferencia.
Así llegarán al 2027, con ciertos acuerdos electoreros frágiles, de unidad muy provisional; la tregua puede romperse en cualquier momento y no hay que avisar con 30 días de anticipación. En cualquier momento surge una “corriente crítica”. Ya no se llaman así ahora, pero sólo el nombre cambia.
Es una falta de unidad no por causas y proyectos, sin por intereses y poder de grupos. La realpolitik es lo que prevalece. El pragmatismo tradicional. En lugar de debate interno, hay sillazos y pedradas, cabezas ensangrentadas; violencia de ¡quítate tú para ponerme yo!
Por eso en esta elección 2027 estarán participando partidos políticos tradicionales, anclados a prácticas internas y externas del siglo pasado. Sólo que ahora cambian de color sin rubor alguno, las veces que sea necesario. El discurso y proyecto es un vacío. No los mueven principios es ganar el poder y usufructuarlo de manera tradicional, tanto fundadores como aliados hacen lo mismo. En la oposición, el modelo es el mismo. No son partidos, son grupos político-empresariales para hacer negocios desde el poder a través de los partidos.
Un grupo se apodera de un partido, municipal, estatal, nacional y no lo suelta. Esto pasa hoy en todos los partidos políticos. Están secuestrados por una camarilla que decide a espaldas hasta de su propia militancia, aliados y principios.
Un partido político es un espacio de análisis y discusión de ideas, proyectos, acciones; es arena natural de formación política de cuadros para el debate, argumentación y alcanzar acuerdos, en los márgenes de esas ideas, principios, acciones, que definen a un partido. Como esto no sucede, porque no hay vida democrática interna, llegan a los congresos ignorantes y sin competencias parlamentarias; llegan a aprender y no tienen capacidad discursiva, con lenguaje muy reducido, sin saber acomodar argumentos ni convencer; son torpes, porque no fueron militantes que se prepararon en las filas de sus partidos; llegan a la política vía aérea. Es decir, no de los trabajos de territorio, sino por acuerdos de las cúpulas de cada partido.
¿Debatir es división?
En los partidos no hay discusión interna porque se toma como divisionismo. Se toma la decisión arriba y se baja para su aprobación. Así nada más. Si hay alguna expresión disonante o que cuestione, se toma como disidencia, indisciplina, divisionismo. Con este argumento las decisiones son verticales; se emiten de arriba y se bajan para aprobarse.
El grupo que llega desplaza a los demás y a los anteriores; asumen el control total como una gerencia para hacer negocios, sin discusión interna, ni debate.
En este sentido los partidos políticos para este 2027, son y serán, en su totalidad, partidos políticos tradicionales, sin ánimo de analizarse a sí mismos.
La sociedad espera eso de los partidos; que en campañas haya flujo de apoyo y trabajo temporal. Es un ingreso importante para familias que se apoyan en tierra la actividad económica de la democracia y son la parte más delgada de la cadena.
Cuando hay algún candidato, proyecto, movimiento, que tenga arrastre, empatía social, genera votos orgánicos; no hay sistema de compra de votos que resista al voto orgánico. Usted tiene la última palabra.

