Impugnaciones sin memoria histórica
El anuncio del PRI de impugnar el llamado Plan B local en Quintana Roo es un ejercicio de oportunismo político que ignora su propio pasado. Hablar de atentado contra la democracia resulta contradictorio viniendo de un partido que durante décadas manipuló leyes, instituciones y procesos electorales para perpetuarse en el poder.
Hoy, el PRI pretende erigirse como defensor de la pluralidad y los contrapesos, cuando fue precisamente bajo sus gobiernos que se debilitó la representación proporcional y se pactó con cacicazgos locales.
La estrategia de Cora Amalia Castilla Madrid busca proyectar al partido como víctima de Morena, pero la realidad es que el PRI carga con una deuda histórica de credibilidad. Impugnar reformas puede ser legítimo, pero hacerlo sin reconocer la responsabilidad propia convierte su discurso en un acto de cinismo político más que en una defensa auténtica de la democracia. ¿Será?
Aguas negras que exhiben negligencia ambiental
La denuncia de Sélvame MX contra la planta de tratamiento San Miguelito por presuntos derrames de aguas negras en manglares y el sistema arrecifal de Cozumel es un golpe directo a la credibilidad institucional. Que la principal infraestructura de saneamiento de la isla, inaugurada con promesas de protección ambiental y ampliada apenas el año pasado, hoy sea señalada como fuente de contaminación refleja negligencia y falta de supervisión.
Mientras se presume capacidad duplicada, la realidad muestra olores fétidos, charcos de agua contaminada y manglares muertos.
El contraste entre discursos oficiales y denuncias ciudadanas desnuda un modelo de gestión que prioriza la obra pública sobre su operación efectiva. Cozumel no puede permitirse que su patrimonio natural sea víctima de omisiones que, lejos de sanear, terminan envenenando la isla. ¿Será?
Justicia ausente frente a disturbios xenófobos
El caso de la pareja cubana asegurada en la Supermanzana 23 revela más que un incidente aislado: expone la fragilidad institucional frente a la violencia colectiva alimentada por redes sociales. Que decenas de personas atacaran una vivienda sin que haya detenidos por daños materiales ni por incitar la agresión es un síntoma de impunidad.
Mientras las autoridades canalizan a los extranjeros al INM, los responsables de convocar y destruir permanecen intocados.
La autoridad de seguridad se limita a contener la crisis, pero no enfrenta el trasfondo: la propagación de linchamientos digitales que derivan en violencia real. Cancún no puede normalizar que la justicia se aplique sólo a los más vulnerables, mientras los verdaderos responsables de la violencia quedan fuera del alcance de la ley. ¿Será?

