Hay errores que se pueden corregir con una explicación y hay otros que, por más comunicados que se publiquen, se convierten en una fotografía imposible de borrar.
Lo que ocurrió con la renuncia del director del SAT de Quintana Roo, Héctor Contreras Mercader, pertenece a esta segunda categoría. El problema nunca fue un partido de basquetbol ni un viaje personal. El verdadero problema fue el mensaje.
Cuando un funcionario aparece en una zona VIP del Madison Square Garden, mientras millones de mexicanos hacen cuentas para llegar a fin de mes, el contraste es brutal. No importa si el boleto lo pagó de su bolsa, si fue invitado o si estaba de vacaciones. Lo que la gente observa es otra cosa: un servidor público disfrutando de un privilegio que parece estar muy lejos de la realidad cotidiana de quienes pagan impuestos.
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El costo de la desconexión: El caso del SAT Quintana Roo
La decisión de presentar su renuncia es, sin duda, un intento por cerrar el capítulo. Pero el asunto deja una enseñanza mucho más profunda para toda la clase política de Quintana Roo y del país.
Estamos entrando en la ruta rumbo a las elecciones de 2027 y el nivel de exigencia ciudadana ya no es el mismo de hace diez o quince años. Hoy cualquier imagen da la vuelta al mundo en cuestión de minutos. Una fotografía vale más que cien conferencias de prensa y un video en redes sociales puede derrumbar el trabajo político de muchos años.
Exigencia ciudadana rumbo a las elecciones de 2027
La ciudadanía está cansada de los excesos. Durante décadas, los mexicanos observaron cómo muchos funcionarios parecían vivir en una realidad paralela, rodeados de lujos, escoltas, viajes y privilegios. Precisamente por eso el discurso de austeridad encontró eco en millones de personas. La gente votó por un cambio de estilo, por gobiernos más cercanos y por autoridades que entendieran que el servicio público no es una plataforma para presumir una vida de lujo.
Por eso este caso debe verse como una llamada de atención para todos los que hoy ocupan un cargo. Presidentes municipales, secretarios, directores, diputados y cualquier servidor público deberían entender que el escrutinio social es permanente. Ya no existen los actos privados cuando se tiene una responsabilidad pública. La confianza ciudadana se construye todos los días, pero puede perderse en una sola tarde y en una sola imagen.
Las lecciones políticas y el fin del respaldo eterno
Además, nadie en Morena, ni en ningún otro partido, puede darse el lujo de pensar que el respaldo popular es eterno. La política mexicana cambia a gran velocidad. Ahí está el ejemplo reciente de Coahuila, donde el PRI logró imponerse en la elección de diputadas y diputados locales.
En la antesala de las elecciones de 2027, el peor enemigo de cualquier gobierno no será la oposición. Será la desconexión con la gente.
Porque al final del día, los ciudadanos pueden perdonar un error administrativo, una decisión difícil o incluso una mala estrategia. Lo que pocas veces perdonan es la arrogancia.
En estos tiempos, la política no se juega solamente en las urnas. También se juega en los gestos, en los símbolos y en las imágenes. Y hay fotografías que cuestan mucho más que el boleto más caro de un partido de la NBA.


