El inicio del nuevo ciclo escolar ha generado un intenso debate en la República de Francia, donde los estudiantes de bachillerato enfrentan la prohibición absoluta de utilizar sus dispositivos móviles dentro de los planteles educativos, incluyendo pasillos, patios y comedores.

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Resistencia de la comunidad estudiantil en Francia
La medida aprobada por las autoridades legislativas busca reducir las distracciones tecnológicas en las aulas. Sin embargo, la adaptación a la norma ha provocado diversas posturas entre los jóvenes franceses, quienes expresan su descontento al considerar que la restricción vulnera su autonomía.
Durante la primera jornada lectiva, los directivos de los centros educativos centraron sus discursos en concientizar a los alumnos sobre el uso responsable de la tecnología. Pese a las constantes llamadas de atención de los supervisores, la presencia de los teléfonos inteligentes sigue siendo notoria en los bolsillos y mochilas de los estudiantes.
La insatisfacción es generalizada entre los adolescentes de entre 15 y 18 años, quienes manifiestan que la medida resulta excesiva e ineficaz. Muchos recuerdan que durante la educación secundaria solían eludir reglas similares usando los dispositivos a escondidas en zonas poco vigiladas como los sanitarios.

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Postura del gobierno y docentes frente al uso de pantallas
El presidente Emmanuel Macron defendió la iniciativa durante un encuentro escolar, señalando que la presencia constante de teléfonos dificulta el aprendizaje y el desarrollo del pensamiento crítico. De igual forma, los cuerpos docentes han recibido con alivio la normativa con la expectativa de que los alumnos recuperen métodos tradicionales de organización.
El personal administrativo y los equipos de convivencia escolar reconocen que la aplicación del reglamento demandará un esfuerzo continuo de supervisión, anticipando posibles tensiones mientras los jóvenes se acostumbran a desconectarse durante su estancia lectiva.



