Primero comenzó a operar la Ruta 27 Puente Nichupté; esta semana arrancó la Ruta 27 Kilómetro 0 y vienen más rutas para ampliar Mobi. Veo en esa continuidad una decisión política firme de Mara Lezama: meterle mano a un transporte público que durante años acumuló molestias, rezagos y promesas de mejoría. La gobernadora atiende una deuda cotidiana con quienes sostienen Cancún.
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Un enlace directo entre Plaza Las Américas y la Zona Hotelera
La nueva ruta atiende una carencia histórica: ninguna ruta de transporte público conectaba directamente Plaza Las Américas con la Zona Hotelera. Uno de los principales puntos de concentración y transbordo de Cancún carecía de ese enlace. Me resulta incomprensible que una necesidad tan evidente permaneciera sin respuesta en una ciudad cuya vida económica depende tanto del turismo.
Muchas personas llegaban a Plaza Las Américas y todavía tenían que bajar del camión, caminar hacia la glorieta del Ceviche o los paraderos del ADO y buscar otra unidad. Otras recurrían a un taxi para continuar. Ese trayecto adicional se pagaba con tiempo, cansancio y dinero. Para el trabajador que va contra el reloj o la madre que vuelve agotada, semejante complicación pesaba todos los días.
Ahora, con la Ruta 27 Kilómetro 0, pueden continuar desde Plaza Las Américas hacia la Zona Hotelera en la misma unidad. Evitar ese transbordo significa menos caminatas, menos esperas y ahorro para quienes antes pagaban otro transporte. Ahí encuentro el valor político de esta decisión: resolver una dificultad concreta que durante años se dejó en los hombros y en el bolsillo del pasajero.
El contraste entre el turismo de lujo y el transporte de los trabajadores
El reclamo contra las concesionarias tiene motivos concretos: unidades deterioradas, viajes incómodos y aumentos de tarifa cuestionados por usuarios que seguían padeciendo deficiencias. Me resulta ofensivo ese contraste entre una ciudad de hoteles espléndidos, con servicios turísticos de primer nivel, y las dificultades de tantos trabajadores para trasladarse en condiciones dignas. El prestigio internacional de Cancún también merece reflejarse en la vida de sus habitantes.
El pasajero suele llevar la peor parte: necesita llegar al trabajo, entrar a clases o volver a casa y termina aceptando el servicio disponible. Esa necesidad vuelve especialmente cómoda la posición de quien cobra sin mejorar. Considero valioso que el gobierno intervenga con Mobi frente a un rezago que atravesó administraciones. Esperar la buena voluntad de las empresas dejó demasiadas necesidades pendientes.
Planificación técnica y accesibilidad para un servicio digno
En ese proceso reconozco el trabajo de Rafael Hernández Kotasek al frente del Instituto de Movilidad de Quintana Roo. Las pruebas de las unidades, la medición de tiempos y la revisión de recorridos muestran una preparación necesaria. Me parece una labor seria, paciente y útil: estudiar cómo se mueve la gente para organizar el servicio. La visión política de la gobernadora necesita ese trabajo técnico para llegar a la calle.
El aire acondicionado, las rampas y los espacios para sillas de ruedas dan contenido a esa intención. Son mejoras que permiten hablar de comodidad, accesibilidad y un trato más considerado. Me parece profundamente injusto que una persona encuentre obstáculos para subir a un autobús por su condición física. Atender esas barreras expresa una sensibilidad social que valoro en este proyecto.
La llegada de Mobi eleva la exigencia para todo el transporte de Cancún. Los pasajeros tienen otra referencia para comparar las unidades, los recorridos y la atención.
El significado de esta nueva ruta está en algo que debió existir desde hace mucho: llegar a Plaza Las Américas y poder seguir hacia la Zona Hotelera sin bajar a buscar cómo continuar.

