Detengámonos un momento a pensar, ¿qué sería lo más terrible que podrías hacer? Traficar órganos, vender droga, dirigir a tu país hacia la ruina total, nada, absolutamente nada sería peor que lo que acabas de hacer. Puedes prometer ya no repetir ciertos actos, pero en el fondo, la verdad de tu proceder sólo tú la conoces y ya decidirás a quién contarla. O no.
Eres una cosa preciosa pero causas problemas. Yo siempre estoy bien, no te preocupes por mí. Te propongo entonces, justo aquí, hacer un corte limpio, quirúrgicamente preciso. He visto que ya no me necesitas, puedo dejar de ser tu alférez provisional. Tomaré la ruta 155, 505 o hasta una que no tenga nombre, y en compañía de mis amigos -todos aquellos que se volvieron locos cuando sus novias los dejaron por otros-, exploraremos nuevos panoramas.
Ya están aquí otra vez los tecnócratas, con sus números, estadísticas y estrategias de éxito. Pero, ¿por qué seguir la recomendación de alguien que llegó a ser lo que yo no quiero ser? Piensa mal y acertarás.
Ellos no son una peor persona que nosotros, todos atravesamos por un sufrimiento. Quién no se ha venido abajo tras un despido. Admitamos que aquella cerveza estuvo de más, quién te apuró a pedirla, ¿cuántas oportunidades no se han cerrado por un vómito inadecuado?
No malgastes tu tiempo temiendo a la muerte, haz sitio y no te olvides de que existes. Por más listo que seas, o estés, realmente nunca lo estás del todo, pero al final siempre sale el sol, escondido tras la montaña.
Después del uno siempre viene el dos y como sabemos, el tercero, y aunque no reparemos en los pequeños icebergs, estos siempre formaron parte de algún enorme glaciar. Toca estar atentos, te vas adentrando y se vuelve inevitable la transformación, hasta que parece no haber escapatoria. Así que antes de que me conviertas en todo aquello que detesto, quiero que salgas por la puerta sin demora.
Paisaje imaginario
Estás en malas tierras, esto a veces no tiene para nada la pinta del paraíso. Sin embargo, cosas buenas vendrán tras la presión. Abundará la flora y fauna, pero ya nos estamos encargando de acabar con eso, aunque no sea nuestro propósito somos buenos desatando el desastre.
Yo, como algún otro tocayo también, te recomiendo estarte quieto, cuatro minutos con 33 segundos se pasan rápido y quién sabe qué seguirá después. ¿Qué puede ser mejor que eso?
Por lo pronto, no te mueras por dentro. Las cosas pueden ir siempre a peor.

