Oportunismo disfrazado de lealtad
La presencia del diputado federal Juan Carrillo Soberanis, del PVEM, el fin de semana junto al senador Eugenio Gino Segura y al diputado Humberto Aldana, voceros de la gira de Claudia Sheinbaum Pardo por Quintana Roo, ha resultado un gesto político difícil de justificar.
Apenas días después de que su partido votó contra la iniciativa de Reforma Electoral de la Presidencia de la República, Carrillo Soberanis aparece cobijado por Morena como si nada hubiera pasado. Este doble discurso, no del Verde, sino de Morena, exhibe la fragilidad de las alianzas y la falta de coherencia política, que se acomoda según la conveniencia del momento.
Más que respaldo al proyecto de transformación, lo que la presencia de Carrillo Soberanis proyectó fue oportunismo y cálculo político, una estrategia para no perder visibilidad pese a las contradicciones internas. La ciudadanía merece representantes firmes y congruentes, no figuras que se mueven al vaivén de intereses partidistas y personales. ¿Será?
Unidad y debate en torno al Plan B
La visita del vicecoordinador de la bancada de Morena en la Cámara de Diputados, Alfonso Ramírez Cuéllar, a Playa del Carmen para socializar el Plan B de la Reforma Electoral refleja un ejercicio positivo de diálogo político cercano a la ciudadanía.
El vicecoordinador de Morena en la Cámara de Diputados subrayó que la iniciativa busca reducir los costos de campañas y fortalecer la eficiencia de los ayuntamientos, destinando más recursos a servicios básicos como seguridad y alumbrado.
La reunión, que congregó a referentes locales como Orlando Muñoz, Mirella Díaz, Farid Rentería y Ricardo Velazco, muestra la capacidad de articular liderazgos diversos en torno a un proyecto común. Además, el respaldo compartido de la mayoría de esos liderazgos a Rafael Marín Mollinedo como figura con proyección hacia 2027, evidencia que la transformación se construye desde la unidad y la participación activa de la comunidad. ¿Será?
Caos en el transporte público de Benito Juárez
El sistema de transporte en Benito Juárez es el reflejo de una ciudad que creció sin planeación y hoy paga las consecuencias. Con 87 rutas y más de mil 700 unidades, la mayoría vans de baja capacidad, el modelo actual no sólo está saturado, sino que multiplica el caos en las principales avenidas.
Mototaxis, autobuses y colectivos compiten por el mismo espacio, lo que genera congestionamiento y desorden. El anuncio de un Programa Integral de Movilidad Urbana Sustentable suena a un antídoto correcto, aunque la falta de definición sobre el tipo de unidades y la dependencia de concesionarios no parece que vayan a mejorar el actual caos.
Mientras tanto, la ciudadanía enfrenta un transporte deficiente, inseguro y contaminante. Para resolver esta crisis se requiere voluntad política real para romper con décadas de desorden. ¿Será?

