El refugio de los libros y la complicidad de Juan Villoro

Cada que me encuentro en la capital de Oaxaca, siento cómo mis pies cobran conciencia propia y se encaminan indefectiblemente hacia la Proveedora Escolar, librería y papelería que hoy en día funge como refugio de uno de los mayores surtidos de libros por parte de Almadía, editorial independiente mexicana que es responsable de publicar algunos de los títulos más bellos de entre todo aquello que se edita en nuestro país, y lo digo por sus temas y por sus característicos forros, diseñados por Alejandro Magallanes.

Juan Villoro publica en esa casa desde hace varios años, así que aunque siempre me dejo seducir por la sobreabundante oferta literaria que me aguarda en aquel espacio, irme a casa con un título perteneciente a la obra de mi tocayo es simplemente irremediable. Lo fue así la última vez que fui, y seguramente lo será en la próxima, tal y como lo fue en la anterior, y en la primera y las subsecuentes.

Mónica Maristain y el rastro de Roberto Bolaño

No obstante, en diciembre pasado, casi me voy con otro, o con otra. Verán, aquél día me enteré de la muerte de la periodista argentina, pero también mexicana, Mónica Maristain. Un duro golpe para la cultura de nuestro país, fenómeno que nunca terminaremos por comprender del todo.

Ella, la mujer maremoto, fue gestora de múltiples proyectos, uno de los cuales fue ejercer como jefa editorial para Latinomérica de la revista Playboy, la cual además de ofrecer en sus páginas fotos de mujeres despampanantes, pugnaba por tener un contenido que provocase las mentes lectoras con entrevistas y artículos muy cuidados.

Desempeñando este cargo, fue que le tocó la suerte de entrevistar al escritor Roberto Bolaño en la que a la postre sería la última entrevista que el autor de 2666 y Los detectives salvajes ofreció a los medios. Ese valioso documento sería después publicado en un compendio del que yo me hice un ejemplar cierta tarde a la salida de la universidad y así fue como tuve noticia del trabajo de la nacida en Concepción del Uruguay, en el siglo pasado.

Su afición por el autor chileno, pero también mexicano y catalán, fue innegable: “Hay momentos en los que uno no esperaba nada, mucho menos en la literatura latinoamericana, y apareció Bolaño”, le dijo en una charla al narrador poblano Óscar Alarcón. La Maristain le dedicó múltiples trabajos al casi homónimo de Chespirito, y cada tanto lo sacaba a colación, uno de ellos fue el polémico libro El hijo de Mr. Playa, en el cual revela un personaje que no es el que sus lectores admiraban, lo que le ganó cierto rechazo.

Fue justo ese título el que me encontré frente a mí el año pasado, y sopesé por un rato si sería una buena idea adquirirlo, o no. Lo tomé, analicé y al final consideré que no quería fallar a la costumbre. Nos llevamos dos de Villoro, uno para mí, tal y como estaba dispuesto, otro para el niño que ya casi se vuelve adolescente y Nefando de Mónica Ojeda. Porque en ese entonces todavía éramos sólo tres en casa.

Una de las razones por las que no compré el libro de la otra Mónica, fue porque ya poseo al menos otros dos libros en torno a la figura de este paradigmático autor hispanoamericano que aún no leo y, además se me hace que, si bien un fallecimiento es una razón válida para acercarse al trabajo de alguien, me causó cierta pena hacerlo así en aquel momento.

La paradoja del trabajo ideal y la angustia existencial

Meses después, en otra de mis cacerías, que ya contaré a detalle, me encontré con un libro que venía buscando desde tiempo atrás, y allí encontré un mensaje que la compatriota de Messi dejó a la posteridad y que resuena en mi mente constantemente:

“Sí, me gusta leer. Ahora lo hago mucho por trabajo. Reconozco que he perdido un poco la afición de la lectura por sí misma y eso me angustia bastante. Supongo que la angustia existencial es algo que va con el ser humano. Uno añora un trabajo en el que pueda leer y escribir, y cuando lo tiene, quiere leer y escribir pero de otras cosas.” Leer y escribir, por supuesto que son verbos intercambiables por cualquiera que sea la profesión a la que te dediques y esta frase se vuelve un mantra. No nos olvidemos de