El Mundial es en México… pero no para todos

Este jueves volveremos a escuchar una frase que emociona a cualquier aficionado al futbol: Inicia el Mundial de Futbol… y más si es México, por tercera ocasión. Y es verdad. No se trata de cualquier acontecimiento. Por tercera ocasión nuestro país abrió sus puertas a la máxima fiesta deportiva del planeta. Los ojos del mundo estarán puestos en nuestras ciudades, los estadios lucirán llenos y durante algunas semanas el futbol volverá a convertirse en el lenguaje universal que une culturas, idiomas y generaciones. Sin embargo, detrás de toda esa emoción existe una reflexión que vale la pena poner sobre la mesa. ¿El Mundial sigue siendo realmente una fiesta para todos?

Lo pregunto porque el futbol nació lejos de los palcos y de las zonas VIP. Nació en los barrios, en las calles, en las canchas de tierra, en las porterías hechas con piedras y en los sueños de millones de niños que crecieron pateando un balón. Durante décadas, el Mundial representó precisamente eso: la posibilidad de que cualquier aficionado, sin importar su condición económica, se sintiera parte de la celebración más grande del deporte. Hoy, sin embargo, la realidad parece distinta.

En 1986 hubo familias mexicanas que pudieron disfrutar juntas de por lo menos un partido. Hoy eso no es posible para cualquier familia.

El contraste con el Mundial de 1986

El Mundial de 2026 promete ser el más espectacular de la historia, pero también podría convertirse en uno de los más lejanos para el aficionado común. Los precios de los boletos alcanzan cifras que para muchas familias resultan imposibles de pagar. Los paquetes especiales cuestan lo que algunos trabajadores ganan en varios meses o años. Los hoteles incrementan tarifas conforme se acerca la fecha y los vuelos se encarecen al ritmo de la expectativa. Al final, millones de mexicanos vivirán la paradoja de tener un Mundial en casa y aun así no poder asistir a un partido.

No porque no amen el futbol. No porque no quieran estar ahí. Simplemente porque no pueden.

¿En qué momento el futbol olvidó sus raíces?

Y esa realidad obliga a hacer una pregunta incómoda: ¿en qué momento el futbol comenzó a alejarse de la gente que lo convirtió en el deporte más popular del mundo? Nadie discute que organizar un Mundial cuesta dinero. Nadie cuestiona la necesidad de patrocinadores, infraestructura moderna o grandes inversiones. El problema aparece cuando el negocio empieza a ocupar el lugar que antes pertenecía a los aficionados. Hoy gran parte de la experiencia mundialista gira alrededor de paquetes corporativos, zonas exclusivas, experiencias premium y estrategias comerciales diseñadas para quienes tienen la capacidad económica de acceder a ellas. Incluso los negocios ubicados cerca de las sedes deben ajustarse a reglas especiales para proteger los intereses de las marcas patrocinadoras.

Mientras tanto, el aficionado de toda la vida observa desde fuera.

Y eso resulta inevitablemente triste porque el corazón del futbol nunca estuvo en las áreas exclusivas. Siempre estuvo en la tribuna. En la familia que ahorraba durante años para asistir a un partido. En el trabajador que sacrificaba vacaciones para seguir a su selección. En el niño que veía a sus ídolos y regresaba a casa convencido de que algún día podría parecerse a ellos.

Por eso esta no es una crítica contra el Mundial. Al contrario. Ojalá sea un éxito extraordinario. Ojalá México vuelva a demostrar su capacidad para organizar eventos de talla mundial. Ojalá las ciudades sede brillen y proyecten la mejor imagen del país. Pero también ojalá nunca olvidemos que el futbol pertenece primero a la gente. Porque cuando un deporte se vuelve tan exclusivo que quienes más lo aman ya no pueden disfrutarlo de cerca, algo de su esencia comienza a perderse.

Quizá por eso muchos recuerdan con nostalgia aquellos mundiales donde la conversación giraba alrededor de los goles, las figuras y las emociones, y no sobre cuánto cuesta un boleto, una habitación de hotel o una experiencia VIP. México volverá a recibir al mundo y eso merece celebrarse. Pero también vale la pena preguntarse si la fiesta más grande del futbol sigue siendo una fiesta para todos o si poco a poco se está convirtiendo en un espectáculo reservado para quienes pueden pagarlo.

Porque al final, más allá de las marcas, los contratos y los derechos comerciales, el verdadero dueño del futbol nunca ha sido una empresa, una federación o una televisora. El verdadero dueño del futbol siempre ha sido la gente. Y sería una lástima que algún día la dejaran fuera de la fiesta que ayudó a construir.

El impacto comercial en las sedes y los aficionados de siempre

Y si quiere más pruebas del alejamiento, vea a los comerciantes de las ciudades sedes, en zonas cercanas a los estadios, con vallas frente a sus negocios para que los miles de fanáticos que van a ver los partidos no puedan disfrutar de una rica comida tradicional, de sentir el verdadero olor de la comida mexicana ni conocer artesanías o alguna clase de artículo que esté en venta. Ah, y los dueños de Palcos en el Azteca son otro caso muy especial de marginación por parte de la FIFA. Lástima en ese sentido. En lo deportivo, que sea un verdadero éxito para la Selección Mexicana y se llegue lo más lejos que se pueda. 

Saque Final… En Quintana Roo se podrá disfrutar en pantalla gigante en algunos sitios públicos de Cancún, Isla Mujeres, Cozumel y Bacalar, entre otros puntos. La gobernadora Mara Lezama encabezó el pasado sábado la activación del operativo “Verano Mundialista”. Quintana Roo sin ser sede juega un papel importante con el aeropuerto internacional de Cancún que conecta directamente con 16 sedes. La Selección de Uruguay llegó este miércoles a su campamento en  la Riviera Maya. Aquí no es Monterrey y las instalaciones son de primera... Por cierto , el chorero que llega mucho al Caribe Mexicano perdió de calle su elección en Coahuila. Nos leemos la próxima semana.