La barbarie digital

En fechas recientes, hemos visto en las redes sociales varios señalamientos, culpabilidades no juzgadas, muestras de agresiones de personas de origen cubano en contra de mexicanos.

Nadie justifica esas actitudes, sin embargo, tampoco es justificable los intentos de linchamiento, la barbarie digital que se genera y como alguien de inmediato pide dirección del supuesto agresor para compartirla y convocar a la masa.

El papel de las autoridades ante la indignación ciudadana

Este tema ha encendido justificadamente las alarmas de la ciudadanía. La indignación es comprensible y legítima. Ninguna comunidad debe tolerar la prepotencia, la ilegalidad ni la violencia dentro de su territorio, sin importar el origen de los agresores. Ante estos hechos, la postura debe ser tajante: se reprueban categóricamente estas acciones y se exige que el Instituto Nacional de Migración (INM), haga su chamba e intervenga de inmediato para aplicar la ley, procesar a los responsables y ejecutar las deportaciones que correspondan.

Y es que sencillamente, Migración no está haciendo su chamba y dejan pasar a montones a ciudadanos cubanos, principalmente, que se quedan a vivir en Quintana Roo y entre ese grupo, no todos claro, hay los que luego son evidenciados en redes como presuntos agresores.

El peligro de la justicia por mano propia en redes sociales

El verdadero examen para nuestra sociedad no radica en la gravedad de la ofensa, sino en la naturaleza de nuestra respuesta. En el ecosistema digital, la frustración ciudadana suele escalar con alarmante rapidez hacia convocatorias de odio, persecución y potenciales intentos de linchamiento. Ceder a este impulso nos coloca en un terreno sumamente peligroso. La justicia por mano propia no es justicia; es barbarie.

El linchamiento y la violencia comunitaria representan la claudicación absoluta del estado de derecho. Cuando una muchedumbre decide tomar el papel de juez, jurado y verdugo, el riesgo de cometer injusticias irreparables contra inocentes es total, guiados únicamente por el rumor, el prejuicio o la similitud física. Además, responder a la delincuencia con salvajismo colectivizado no soluciona el problema de fondo; por el contrario, descompone el tejido social, genera espirales de resentimiento incontrolables y degrada a la propia comunidad que pretende defenderse, rebajándola al mismo nivel de los agresores.

La indignación social debe canalizarse como una fuerza de exigencia institucional, nunca como un arma de destrucción física. El camino correcto es presionar con firmeza a los canales oficiales: denunciar formalmente, aportar pruebas a las fiscalías y obligar a las autoridades migratorias y de seguridad pública a cumplir con el trabajo por el cual rinden cuentas.

Mantener la cabeza fría en tiempos de alta volatilidad digital es un deber ciudadano. Cancún y Quintana Roo se han construido como tierras de leyes, orden y convivencia. Permitir que las redes sociales dicten sentencias de calle nos encamina hacia una degradación social de la que es muy difícil regresar. Exijamos a Migración que se ponga a chambear.

Saque final: Tarjeta roja a los excesos en Quintana Roo

Saque final… Tarjeta roja para el regidor Eliezer Mas. Aunque haya borrado su video en jet privado, la evidencia quedó en el mundo digital. Por lo pronto, la dirigencia estatal de Morena fijó postura reprobando los excesos no sólo para este servidor público sino en general.