Siete obras, una península: El recorrido del Festival de Monólogos
Llegó y se fue una nueva edición del Festival de Monólogos Teatro a Una Sola Voz en la península de Yucatán. Un total de siete obras, de las 21 que conformaron los tres circuitos diseñados para recorrer lo ancho y largo del país, pudieron deleitar al público de Cancún, Mérida y Campeche a lo largo de una semana.
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Humor, prejuicios y chilaquiles para sobrevivir al fin del mundo
En nombre de la mancha fue la elegida para comenzar el recorrido, en el que tuvimos a una acróbata en la búsqueda de verdaderas caballeras valientes dispuestas a ayudarle a encontrar un dragón que se le escapó. Ella, como es fuerte, también es frágil, pero armada con alabarda, gorguera y sobre todo “el arma secreta de la noche” se enfrenta con mucho humor a los prejuicios de la sociedad.
Luego le llegó el turno a Juan Pablo alias Tabiruco, representando al pueblo de San Vicente, Nayarit y su gente impresionable, quien con mucho brillo y transparencias compartió episodios trascendentales de su vida en 2012: El mundo se va a acabar. En un pormenorizado relato, nos hace partícipes de cómo encontró las ganas de afrontar una batalla tras otra en su vida. Hay muchos mundos que se acaban todos los días, como cuando se pierde la inocencia, y para volver a agarrar fuerzas siempre se puede comer chilaquiles. Donde nada cambia, tampoco lo hacen las canciones, medicina ancestral dijera Martina el día previo.
Biodrama y provincia: De la gallina reportera al apego limeño
La tragedia de la gallina es una obra biodramática, performativa y documental, protagonizada por Gallinancy, que para no ser propiamente actriz, sino una simple ave de corral y además reportera, lo hace tremendamente bien y se monta todo un espectáculo. Una gallina con muchos huevos, pero que no pone ninguno, o hasta que pudo. “La verdad es lo primero, y lo que venga después, no depende de ella”, bajo esta premisa nos narra la leyenda del quinto invierno para que quede bien claro que “aquel que se tapa los ojos, tarde o temprano vuelve a ver, para morir, o para sacárselos”. Estando en la cima nomás te queda subir a cielo, o desplumarse.
Misky, la payasita, abandonó Lima, la capital peruana, en pos del sueño de llegar a Norteamérica, y se quedó en Tlaxcala, lugar en el que no se sacó al país andino de encima y en un formato de programa televisivo, aprovecha para compartir por medio de una serie de viñetas deshilvanadas sus reflexiones en torno a no ser capitalino a pesar de sí serlo, herida que se pierde un poco en lugares en los que todos son provincianos. Pero bueno, dejémosla, sólo sufre por apego inseguro, se agradecen mucho las lecciones de quechua y en general su divertida puesta en escena.
Paternidad, olvido y la memoria de los antepasados
Un papapa, paste pachuqueño y padre, tomó el escenario para contar más mentiras que verdades en torno a su desarrollo como progenitor, en un ejercicio muy bien ejecutado con una escenografía compuesta por bloques que son manipulados con precisión. En Emilio en las nubes, Carlos lo mismo nos habla de perrhijos, que de su aprecio por Gokú, y su rechazo a la crianza respetuosa. Y es que cómo crías a tus hijos en una ciudad que te arrebata la vida por unos centavos. Pero bueno, todo lo que no cura Hume, sí lo hace un ejercicio de sustitución de Stanislavski.
Para cerrar tuvimos realmente un combo, desde Yucatán, una joven compañía reafirma su lucha contra el olvido, que es una búsqueda constante en esta Tierra sagrada; y luego Jesús, nos contó la historia de los Reyes de Jarácuaro, una isla en Michoacán y de Los viajes del abuelo, que lo llevaron hasta Oaxaca y de regreso. Ambos trabajos apelan a entretener al público reivindicando el legado de nuestros antepasados. Todo pasado siempre fue mejor, pero a todo esto ¿por qué se les diría peones a los esclavos de las henequeneras? No me hagan mucho caso, no hay que llamar a quien no te llama, zapatero a tus zapatos. Perdonar es romper los recuerdos que duelen. Si sueño, ya no quiero despertar. Nos vemos de nuevo el año que entra.


