Hay temas que llegan a la agenda política porque los gobiernos los buscan y otros porque la realidad termina imponiéndolos. El sargazo pertenece a la segunda categoría.
Ayer jueves, de nueva cuenta, la gobernadora Mara Lezama se reunió con la presidenta Claudia Sheinbaum para dar seguimiento a la atención del sargazo. El mensaje público fue el de siempre: coordinación, protección de las playas, cuidado del medio ambiente y respaldo a Quintana Roo.
Pero debajo de ese lenguaje institucional hay algo bastante más interesante.
El sargazo dejó de ser hace tiempo un problema de temporada para convertirse en un asunto que obliga a sentar en la misma mesa a la Presidencia de la República, la Secretaría de Marina, Medio Ambiente, Turismo, científicos, empresarios, municipios y Gobierno del Estado.
Durante años el sargazo se atendió como se atienden muchas emergencias en México: cuando llegaba, había que reaccionar. Se limpiaban playas, se contrataba maquinaria, se colocaban barreras y cada temporada volvía la discusión sobre quién debía pagar, quién debía recogerlo y quién tenía la responsabilidad.
El pasado 30 de julio, Claudia Sheinbaum anunció una inversión de más de 2 mil millones de pesos para reforzar la estrategia contra el sargazo en Quintana Roo. El plan contempla más embarcaciones, nuevas barreras y equipo para la recolección sustentable en las playas. La primera etapa contempla 768.7 millones de pesos y busca elevar la capacidad de recolección en el mar.
Tampoco es casual que la Presidenta haya dicho entonces que el sargazo no representa únicamente un problema ambiental, sino un asunto estratégico para la economía nacional.
Porque si Quintana Roo es uno de los principales motores turísticos de México, proteger sus playas no puede quedar reducido a una tarea municipal ni a la capacidad de respuesta de un gobierno estatal. Cada tonelada que llega a la costa tiene una consecuencia ambiental, turística y económica.
La apuesta federal es interceptarlo antes de que llegue a las playas. Y ahí está, quizá, la parte más importante de la estrategia: dejar de administrar las consecuencias para tratar de anticiparse al fenómeno.
Mara Lezama ha insistido en llevar el tema a la agenda federal y hoy vuelve a sentarse con Sheinbaum para darle seguimiento.
Hay intereses que coinciden.
Quintana Roo necesita que sus playas estén en condiciones para recibir turistas. México necesita que su principal destino turístico siga funcionando. Y ambos gobiernos necesitan que el sargazo deje de representar cada temporada una crisis que sorprende a todos.
Por eso también resulta relevante que la discusión ya incluya algo que durante mucho tiempo parecía secundario, qué hacer con el sargazo una vez recogido.
La propia Presidenta habló de aprovechamiento, reciclaje y transformación. Hay empresas en Quintana Roo que ya trabajan con la macroalga para producir, entre otras cosas, abono orgánico. También se prepara para octubre un encuentro internacional en Cancún con países del Caribe para intercambiar experiencias sobre el fenómeno.
Ahí empieza otra conversación.
Porque Quintana Roo podría terminar convirtiendo una de sus mayores amenazas ambientales en un campo de investigación, innovación y cooperación regional.
Todavía falta mucho para decir que el problema está resuelto. Sería absurdo afirmarlo frente a un fenómeno que este año alcanzó dimensiones extraordinarias.
Pero sí hay una diferencia respecto de otros años: ahora existe una estrategia nacional con recursos, instituciones y objetivos concretos.
Que por fin dejó de ser solamente la fotografía de una playa cubierta de algas y se convirtió en un asunto que se discute en Palacio Nacional.
Por cierto
No pasa desapercibido el movimiento que Renán Sánchez Tajonar mantiene en Cozumel durante estas semanas. El diputado ha combinado reuniones vecinales, entrega de apoyos escolares y ahora el acompañamiento a una carrera familiar que nació de una propuesta ciudadana.
A eso se suma su trabajo como diputado, la conducción de la JUGOCOPO y su responsabilidad al frente del Partido Verde en Quintana Roo. Por eso, rumbo a 2027, su nombre aparece cada vez con mayor naturalidad entre las cartas fuertes para Cozumel.

