salvador guerrero
En la capital nacional tenemos la mayor evolución en materia de seguridad de entre las entidades más habitadas de todo el país

@guerrerochipres

Las madres de familia son el gran sector de la población que, con tanta urgencia, como las niñas y niños, necesita el retorno a clases.

Ellas han sido afectadas severamente en este proceso de educación virtual. Desde finales del año pasado, la ONU alertó que en la Unión Europea fueron más las mujeres que dejaron de laborar que los hombres, ante el cierre de escuelas y guarderías.

Desde hace 18 meses, ante la contingencia sanitaria por la pandemia, asumieron roles de educadoras y, en muchos casos, de cuidadoras de adultos mayores. Las mamás se convirtieron así en un sector afectado en su salud emocional ante la triplicación de sus labores.

Datos del Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México, presentados en el reporte Mujeres, a un año de la Covid-19, indican que 56% de quienes manifiestan agotamiento emocional es por el cuidado de las o los hijos.

También son las madres quienes han duplicado y triplicado su habitual doble jornada al atender a las hijas, la pareja, el desempleo del consanguíneo y la incertidumbre de todos.

“Con la pandemia hemos visto que las mamás estamos ya con triple jornada: la jornada educativa con los niños y la crianza, la jornada nuestra laboral y luego la doméstica. Se ha visto de una manera tan clara lo injusto que es el reparto de las tareas domésticas”, resume Coral Herrera Gómez, escritora y feminista española.

El cierre de las escuelas y la educación a distancia modificaron sustancialmente los roles en las familias, principalmente de clase media, una franja social muy amplia de la comunidad, al menos cuatro de cada diez.

La reactivación de la educación presencial no es un capricho de una persona, como ciertos sectores, en adverbial y sistemática oposición a la presidencia de la República, pretenden hacerlo creer.

La Universidad de Oxford documentó que actualmente solo en 14% de 185 países se mantiene un cierre de escuelas en todos los niveles, en 21% no es total, en 24% es en determinados niveles y en 41% es recomendable la asistencia, aunque no obligatoria, entre ellos Estados Unidos, donde más contagios hay.

La imagen que tenemos de la escuela anterior a la pandemia dejó de representar el paradigma de algún futuro en que la educación y la movilidad social estaban conectados. Los centros educativos no volverán a ser los mismos. Tampoco podemos esperar a tener tasa cero de contagios.

En la Ciudad de México, la reactivación económica impulsada por la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum -apoyada por la iniciativa privada-, deseada por la mayoría de la población que vive de su trabajo, tiene en perspectiva la reapertura de escuelas, con toda la industria que tiene detrás: papelerías, transporte, comercios, colegios particulares.

La Unicef estima que más de mil millones de infantes en el mundo han vuelto a clases presenciales, otros 750 millones están a punto de hacerlo.

Apoyar la salud mental de los menores, evitar la deserción escolar, combatir desigualdades educativas y de conectividad, devolverles los espacios de socialización son solo algunas razones del regreso a las aulas.

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