La posible implementación del fracking en México ha encendido las alarmas entre diversas organizaciones ambientalistas. A pesar de que la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo aseguró que cualquier decisión sobre la fracturación hidráulica se basará en análisis técnicos, especialistas sostienen que el historial ambiental del país no permite otorgar un voto de confianza a las autoridades.
Roberto Rojo, biólogo e integrante del colectivo Cenotes Urbanos, expresó una profunda preocupación por la opacidad y los daños colaterales que esta técnica podría acarrear. Para el experto, el problema no es solo la tecnología en sí, sino la ejecución institucional en el territorio nacional.

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El historial de megaproyectos como barrera
Según Rojo, la desconfianza social tiene fundamentos en la gestión de obras recientes. El activista señaló que proyectos de gran escala, como el Tren Maya y la refinería de Dos Bocas, han evidenciado prácticas deficientes en materia de transparencia y mitigación de daños.
“No nos podemos arriesgar como sociedad para darles el beneficio de la duda una vez más”, sostuvo Rojo, enfatizando que los antecedentes institucionales restan credibilidad a las promesas de bajo impacto ambiental.
¿Cuáles son los riesgos reales del fracking?
La fracturación hidráulica es una técnica controversial que implica la inyección de agua, arena y químicos a alta presión para extraer hidrocarburos. Entre los impactos documentados en otros países, como Estados Unidos, destacan:
- Microsismos: Actividad telúrica inducida por la presión en el subsuelo.
- Contaminación de acuíferos: Uso de químicos cuya composición suele ser confidencial.
- Estrés hídrico: Consumo intensivo de agua en zonas que ya sufren escasez.
Para el biólogo de Cenotes Urbanos, el escenario actual es tajante: “Particularmente jamás le volvería a dar una oportunidad más a este gobierno para que tengamos otro desastre medioambiental”, concluyó, instando a que la política energética priorice el bienestar social y la conservación.


