Elena es una menor de 12 años, en la imagen se le observa caminando por calles céntricas de Cancún donde ofrece artesanías a turistas y paseantes locales, para ayudar a su familia.
La menor llegó hace tres meses a Cancún desde Chiapas junto con su madre, en busca de mejores oportunidades. Credit: Licety Díaz. / 24 HQR.

El trabajo infantil en Cancún sigue presente en las calles más transitadas de la ciudad, donde menores de edad buscan apoyar económicamente a sus familias. Entre restaurantes, comercios y turistas, Eliana, una niña de 12 años originaria de Chiapas, recorre cada tarde la avenida Nader y el Parque de Las Palapas ofreciendo pulseras y artesanías.

A las seis de la tarde, cuando el calor comienza a disminuir y la actividad comercial toma fuerza en el centro de la ciudad, la menor toma su bicicleta y sale a trabajar.

De complexión delgada, de baja estatura y con el cabello largo hasta la cintura, Eliana no lleva mochilas ni útiles escolares. En sus manos carga mercancía que intenta vender a transeúntes y visitantes.

Hace apenas tres meses llegó a Cancún procedente de Ocotepec, Chiapas, donde dejó inconcluso el sexto grado de primaria.

Imagen de Elena, de 12 años, quien muestra un collar artesanal a un comensal en un restaurante de Cancún.
Eliana recorre cada tarde la avenida Nader y el Parque de Las Palapas ofreciendo artesanías en busca de ventas.

Migración y precariedad detrás del trabajo infantil

Durante varios años vivió con su abuela mientras su madre buscaba mejores oportunidades laborales en el Caribe Mexicano.

Hoy ambas están juntas en Cancún, pero la situación económica familiar las llevó a encontrar en la venta callejera una forma de subsistencia.

Eliana se acerca a clientes potenciales con timidez, muestra sus productos y sonríe.

“Es cuestión del día”, dice con naturalidad, mientras explica que algunos días logra vender y otros simplemente vuelve con la mercancía intacta.

Una jornada que termina casi a medianoche

Su recorrido inicia en la avenida Nader y continúa en el Parque de Las Palapas, uno de los espacios públicos más concurridos de Cancún.

Ahí deja su bicicleta en un sitio donde ya la conocen y la cuidan.

Luego camina entre familias, puestos de comida y música en vivo para ofrecer sus artesanías.

Su jornada suele terminar entre las 10:30 y las 11 de la noche, momento en que se reúne nuevamente con su madre para regresar juntas a casa, rumbo a la zona de El Crucero.

El deseo de volver a estudiar

A pesar de la rutina diaria, Eliana conserva una meta clara: regresar a la escuela.

Dice que le gusta estudiar y aprender.

También sueña con construir un futuro distinto.

Sin embargo, reconoce que todo depende de cuánto logren vender y de la estabilidad económica familiar.

La historia de Eliana es similar a la de otros menores que trabajan en calles y zonas comerciales de Cancún, una realidad ligada a factores como pobreza, migración y falta de acceso continuo a la educación.