Inspecciones que huelen a extorsión
Las denuncias de empresarios de Tulum sobre inspecciones sanitarias que parecen más un mecanismo de presión económica que un ejercicio de regulación legítima, exhiben la fragilidad institucional en Quintana Roo.
Aunque Cofepris se deslinda y responsabiliza a la Dirección de Protección contra Riesgos Sanitarios estatal, el fondo del problema es la percepción de corrupción: verificadores que buscan fallas mínimas para imponer multas convertidas en mordidas.
El temor de los hoteleros y restauranteros a denunciar refleja un círculo vicioso en que la ley se usa como instrumento de extorsión y no de protección. La aclaración oficial no basta si no se acompaña de sanciones y vigilancia real. La pregunta es si esta vez la presión empresarial logrará frenar los abusos y recuperar la confianza en la autoridad sanitaria. ¿Será?
Diésel caro y resistencia empresarial
El mapa de Profeco en La Mañanera del Pueblo exhibe un dato preocupante: Quintana Roo es el estado donde más gasolineras venden el diésel por encima del acuerdo nacional de 27 pesos por litro.
Apenas cinco de las casi 220 estaciones cumplen con el compromiso, lo que significa que el 99.5% decidió ignorar el pacto entre el Gobierno y el sector gasolinero. Mientras en el resto del país el 80% de las estaciones respeta el precio justo, aquí la mayoría privilegia la ganancia inmediata sobre el alivio al bolsillo ciudadano.
Los estímulos fiscales y la reducción de costos de transporte no han sido suficientes para convencer a los concesionarios locales. La pregunta es si la presión social y las medidas regulatorias lograrán que las gasolineras del estado se alineen finalmente con el acuerdo nacional. ¿Será?
Apagones que desgastan la confianza
El nuevo corte de energía ayer en colonias como Paseo de Xcacel, Sisal y Ejido Norte confirma que la Comisión Federal de Electricidad sigue sin resolver de fondo un problema que afecta a cientos de familias.
Los apagones constantes no solo generan incomodidad, también provocan pérdidas económicas por alimentos descompuestos y daños en electrodomésticos. La manifestación de vecinos en Sisal refleja el hartazgo acumulado y la exigencia de soluciones reales, más allá de cuadrillas improvisadas que llegan tarde y apenas contienen la crisis.
Restablecer el servicio a las 2:30 de la madrugada no borra la desconfianza, menos cuando los bajones reaparecen horas después. ¿Podrán las autoridades atender con seriedad esta falla estructural? ¿Devolverán estabilidad al suministro eléctrico? ¿Será?


