Durante varios meses hemos hablado del desatino que desde mi criterio surgió con la estrategia del tren maya como ariete detonador del turismo. Vaya, los turistas del mundo no viajan kilómetros a subirse a un tren. Tampoco cruzan el océano para vivir la experiencia de pasar entre la selva sobre vías férreas. Hasta hoy, no conozco ningún destino turístico de mar y playas que se haya anclado por un proyecto de trenes que además fue parte de una devastación ecológica admitida por las mismas autoridades federales. Es como invitar a los cruceristas a pasear por los balleneros del mar del Norte, simplemente no va a ser una empresa turística exitosa.
Sin embargo, hace unos días la gobernadora del estado anunció un cambio de rumbo en el proyecto de un tren maya que sigue costando mucho más de los que produce, y es que, al cambiar los horarios y el número de salidas de los trenes entre Cancún y Playa del Carmen, sin dude se genera una amplia posibilidad de abrir espacios de movilidad para miles de personas que se desplazan todos los días para trabajar entre estos municipios.
Y esta oferta además es atractiva porque lograría incluso que los trabajadores puedan llegar a tiempo a sus hoteles y a sus casas, con sus familias al diversificar los medios de transporte con menor saturación de autobuses vans, vehículos particulares y de renta. Con ello, seguramente los accidentes que vemos todas las semanas pueden disminuir y entonces, ese tan satanizado tren, puede convertirse en la columna vertebral de la movilidad para los trabajadores que a diario transitan entre estos municipios.
El paso que ha dado la gobernadora de transformar el proyecto de un tren ciento por ciento turístico a un medio de transporte urbano, prácticamente desploma la presión sobre ese proyecto y lo acerca a la gente. Queda lejos ya el menaje de un tren para privilegiados que pueden darse el lujo de viajar y ahora se comienza a percibir como un elemento ciudadano, más nuestro, más de todos. Un transporte para los playenses y cancuneses, y no solo para los visitantes.
En el mundo, existen una gran cantidad de ejemplos que, sin centrarnos en los proyectos del estado de México o de la Ciudad de México que funcionan muy bien, podemos señalar Al tren bala de Japón, al tren de China con más de 50000 km de recorridos, a los distintos trenes españoles administrados por Renfe; al sistema TGV de Francia y a distintas redes urbanas y metropolitanas que existen en varios países.
Claro está, sin considerar que en el futuro esas mismas vías podrán emplearse para transportar carga desde el centro del país que incluso generen una posible baja de los precios de los productos básicos no solamente en Quintana Roo coma sino en la península de Yucatán, y de los cuales tenemos un gran ejemplo con nuestros vecinos especialistas en trenes de carga de Estados Unidos.
Por ahora, creo que el gran acierto es de la gobernadora y nos corresponde explorar esa posibilidad de ir a trabajar y volver a nuestras casas en el tren, mientras las autoridades correspondientes siguen ajustándose a las necesidades de los ciudadanos, como debió ser desde un principio, ya que de no hacerlo así, la movilidad seguirá, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido.
HAN

