Inversión en seguridad con impacto real

La remodelación de la base de la Policía Estatal en Cancún es un ejemplo positivo de cómo la inversión pública puede traducirse en beneficios concretos. Con instalaciones dignas para 228 elementos y recursos transparentados por 10 millones de pesos, se fortalece la capacidad operativa y se dignifican las condiciones laborales de quienes arriesgan su vida por la seguridad ciudadana. 

Este esfuerzo, acompañado de programas de capacitación y mejoras salariales, coloca a Quintana Roo en un estándar nacional de reconocimiento a su policía. Lo relevante es que estas acciones no se queden en discursos, sino que se reflejen en calles más seguras y en la confianza de las familias. 

La supervisión directa de la gobernadora Mara Lezama envía un mensaje claro: la seguridad se construye con instituciones sólidas y con respeto a quienes las integran. ¿Será?

Justicia tardía contra la impunidad policial

La condena contra el expolicía ministerial Jorge Luis Fonseca por la desaparición de Diana García Rivera y Jorge Armando Kiau es un avance, pero también un recordatorio del profundo deterioro en materia de justicia. Que agentes de la propia Fiscalía estén implicados en privaciones de libertad revela la infiltración del crimen en estructuras que deberían proteger a la ciudadanía. 

El proceso, marcado por seis años de negligencia y dilaciones, refleja un sistema judicial que responde más a la presión de colectivos como Verdad, Memoria y Justicia que a su deber de garantizar verdad y reparación. 

La sentencia es un triunfo parcial, pues los jóvenes siguen desaparecidos y otro expolicía aún espera juicio. La impunidad policial no se combate con un solo fallo: requiere depuración real de corporaciones y voluntad política para que la justicia deje de depender del desgaste de las familias. ¿Será?

Comunicadores, entre la libertad y la complacencia

El episodio en el que periodistas y comunicadores corearon “¡Gobernadora!” durante un evento con la alcaldesa Atenea Gómez Ricalde, en el Día de la Libertad de Expresión, refleja un preocupante desvío del papel crítico que debería caracterizar al gremio. 

La función del periodismo no es aplaudir ni promover aspiraciones políticas, sino cuestionar, vigilar y exigir rendición de cuentas. Convertir un acto conmemorativo en escenario de vítores erosiona la credibilidad de quienes dicen defender la libertad de expresión, pues la confunden con propaganda. 

En un contexto en el cual la relación entre medios y poder debe ser transparente y profesional, la actitud de algunos comunicadores proyecta sumisión y resta legitimidad a la labor informativa. La libertad de prensa se honra con independencia y rigor, no con porras que alimentan la política personalista. ¿Será?