Todos estaremos de acuerdo en que el domingo pasado en C.U. Katia Itzel se equivocó. Para ser árbitro hay que tener criterio y, por más que no sea algo antirreglamentario, no puedes parar así una jugada. Posiblemente no se dio cuenta. Probablemente dejó de ver el balón por unos segundos para consultar su reloj y se precipitó en silbar el final del primer tiempo. El problema no está en señalar su claro error arbitral, sino en todo lo que vino después. En México cada vez que una mujer se equivoca no falta la horda de acomplejados que salen a decir que el futbol no es para mujeres. No falta el que, citando a su ídolo el Cuauh, las insulta y las manda a la cocina. Expliquemos esto por pasos.

El error arbitral no justifica el odio de género

Primero. Como sucede en cualquier disciplina, el futbol varonil y el femenil no son ni pueden ser iguales, por el simple hecho de que los hombres y las mujeres tenemos características físicas distintas. Ritmos, tácticas y estrategias distintas. No importa la disciplina, sea tenis, voleibol, básquetbol, gimnasia o futbol, el desarrollo de la competencia será siempre diferente. Ni mejor ni peor. Sólo distinto. Quien espere ver en el futbol femenil una calca del varonil estará permanentemente decepcionado.

Segundo. Es verdad que en el futbol femenil se ven horrores. Yo personalmente he visto varios de porteras en la liga mexicana. Sin embargo, siempre me ha parecido curioso cómo cuando un hombre se equivoca, simplemente es malo, y cuando una mujer lo hace, la crítica va contra un género entero. Eso se llama misoginia.

Tercero. Si el nivel del futbol femenil es, en términos generales, inferior al varonil esto se debe a una cuestión histórica y económica. La mayoría no son profesionales, están mal pagadas y no cuentan con el apoyo ni la infraestructura con la que sí cuentan los hombres. Lo mismo sucede en la rama varonil. A la Selección Mexicana le tomó varias décadas dejar de hacer el ridículo en los Mundiales. No porque el mexicano sea inferior al europeo, sino por las mismas razones que hacen que el futbol en África o en la rama femenil no esté tan desarrollado. Es una cuestión económica, no de capacidad. El futbol femenil puede ser tan competitivo como el varonil si se apoyan sus bases.

El doble rasero: ¿Por qué perdonamos al hombre y condenamos al género?

No está mal ni prohibido criticar a Katia Itzel cuando se equivoque, lo que está mal es sobredimensionar sus errores con base en complejos machistas. Como si el resto de los árbitros hombres fueran mejores. Hay que tener pantalones para pararse dentro de un terreno de juego con todo en tu contra y arbitrar frente a un gremio donde abundan violadores (Dani Alves, Omar Bravo, Cabrito Arellano), golpeadores (Renato Ibarra), secuestradores (Gato Ortiz), asesinos (Ramón Ramírez, Joao Maleck, Alejandro Molina, Luis Gorocito), diputados del estado de Morelos y demás cosas de las que no nos hemos enterado. Pareciera que hay mayor indignación en darle la oportunidad a una mujer de asistir a una Copa del Mundo que a que ésta se realice en un país con cero tradición futbolística y que es directo responsable de guerras y genocidios en el mundo entero. El odio a Katia Itzel es síntoma de una sociedad podrida con las prioridades desviadas.