Hay decisiones que llegan tarde, pero cuando finalmente se toman, marcan un antes y un después. En Cancún, por fin, alguien decidió ponerle un alto a ese espectáculo irresponsable, ruidoso y francamente peligroso que durante meses se adueñó de las noches: las rodadas ilegales de motociclistas que convertían avenidas centrales en pistas de exhibición temeraria.

Y no exagero. Quien haya transitado de noche por la Bonampak, la Kabah, la Portillo, la 135 o la zona de las Torres sabe perfectamente de lo que hablo. Era un auténtico dolor de cabeza. No solo por el estruendo ensordecedor, sino por la absoluta falta de respeto a la vida. Jóvenes —y no tan jóvenes— jugando a la ruleta rusa sobre dos ruedas, haciendo acrobacias absurdas, sin casco, sin precaución, sin el más mínimo sentido común.

El costo de la impunidad: De la molestia a la tragedia

Lo más grave, sin embargo, nunca fue el ruido. Fue el riesgo. Para ellos, sí, pero también para todos los demás. Porque cuando alguien decide comportarse como si la calle fuera suya, inevitablemente termina poniendo en peligro a terceros. Y ahí está el recordatorio más doloroso: la señora de la tercera edad que perdió la vida hace apenas unas semanas. Una mujer trabajadora, de esas que sostienen esta ciudad desde el anonimato, que solo quería llegar a casa después de una larga jornada. Su único error fue cruzarse en el camino de uno de estos imprudentes.

Ese hecho, indignante y desgarrador, no puede ni debe quedar en el olvido. Porque ahí es donde uno se pregunta: ¿Cuánto más tenía que pasar para que se actuara?

Operativos en Cancún: El fin de la permisividad

Por eso, aunque tardía, es justa la intervención de la autoridad municipal. Los operativos emprendidos por la policía de Cancún, bajo el mando de Jaime Padilla Barrientos, con el respaldo de la Secretaría General encabezada por Pablo Gutiérrez, representan un mensaje claro: el desorden ya no será tolerado. Y qué bueno. Porque la permisividad, esa actitud tibia y complaciente, solo alimenta el caos.

Responsabilidad compartida: Padres y legisladores en deuda

Pero aquí no termina la reflexión. Porque también hay una responsabilidad que muchos prefieren ignorar: la de los padres de familia. Sí, así de claro. ¿Qué está pasando en casa para que menores de edad salgan a altas horas de la noche a jugarse la vida de esa manera? ¿Dónde está la autoridad moral, el límite, el sentido de responsabilidad? Resulta francamente incomprensible —y hasta indignante— ver a madres defendiendo estas conductas, justificando lo injustificable, protegiendo lo indefendible. Educar también es decir no. Educar también es poner límites.

Y si de responsabilidades hablamos, algunas diputadas y diputados tampoco puede seguir mirando hacia otro lado. La realidad ya rebasó la legislación. Hoy circulan motocicletas, scooters y otros medios de transporte alternativo sin reglas claras, sin orden, sin control. Ahí está otro caso lamentable: una mujer que perdió la vida en la carretera 307 utilizando uno de estos vehículos que, evidentemente, no están diseñados para ese tipo de vialidades. ¿Qué estamos esperando? Regular no es prohibir, es proteger. Es evitar más tragedias.

Al final, lo que está en juego es mucho más que el orden vial. Es la seguridad, la convivencia y, sobre todo, el valor de la vida.

Por cierto… en medio de este panorama complejo, también hay que decirlo: cuando las cosas se hacen bien, se reconocen. Bien por la policía municipal de Cancún que logró la detención del grupo de ladrones que asaltó con lujo de violencia a turistas en una zona céntrica, un caso que rápidamente se volvió viral. Y también por la acción en otro robo captado en Malecón Tajamar.

Son delitos que golpean fuerte la percepción ciudadana y dañan la imagen de nuestro destino, especialmente frente a quienes nos visitan. Pero precisamente por eso, la respuesta oportuna y efectiva de la autoridad merece ser destacada. Porque así como se exige, también se reconoce.