La deforestación en Quintana Roo ha alcanzado niveles críticos, con una pérdida superior a las 250 mil hectáreas de selva entre 2001 y 2023. Esta cifra forma parte de un panorama regional alarmante, donde la Península de Yucatán registra una afectación total que rebasa los 1.1 millones de hectáreas, según datos oficiales del Registro Agrario Nacional.
A pesar de que el estado aún conserva importantes zonas forestales, la presión de la expansión urbana, el desarrollo turístico y las actividades agroindustriales mantiene una tendencia al alza en la degradación de los ecosistemas, advierten especialistas.

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Causas principales de la pérdida de selva en la región
Sergio Madrid Zubirán, director ejecutivo del Consejo Civil para la Silvicultura Sostenible, señaló que Quintana Roo enfrenta amenazas distintas a otros estados del país. Mientras que en otras entidades la tasa de deforestación se ha estabilizado, en el Caribe Mexicano el avance es acelerado.
De acuerdo con el experto, las causas de raíz se dividen en dos frentes principales:
- Expansión Agroindustrial: La sustitución de selva por monocultivos de soya, maíz, sorgo, caña de azúcar y palma africana.
- Desarrollo Inmobiliario: El crecimiento de ciudades y zonas turísticas que eliminan la cobertura forestal de forma permanente.

El impacto inmobiliario en Playa del Carmen y Tulum
Uno de los puntos más críticos se localiza en el corredor norte del estado. Madrid identificó aproximadamente 180 nuevos desarrollos inmobiliarios que implican la remoción directa de vegetación para la construcción de viviendas, estacionamientos y vialidades.
"Se está destruyendo precisamente aquello que atrae a los visitantes", afirmó el especialista, subrayando que este modelo de crecimiento sin límites pone en riesgo la base económica de Quintana Roo: el turismo sustentable.
Monocultivos vs. Prácticas Tradicionales
Es fundamental diferenciar entre el manejo forestal y la deforestación irreversible. El especialista aclaró que prácticas como la "roza, tumba y quema" de los campesinos locales permiten la regeneración de la selva. En contraste, el cambio de uso de suelo para la agroindustria genera daños que pueden tardar décadas en revertirse, o volverse permanentes.
Ante este escenario, se hace un llamado urgente a reforzar la vigilancia ambiental y la participación ciudadana para frenar el deterioro de la riqueza forestal del estado.


