Quintana Roo, fuera del plan

La exclusión de Quintana Roo del programa federal de Trenes de Pavimentación es un golpe a la movilidad y seguridad vial del estado. Mientras 16 entidades reciben tecnología de última generación para rehabilitar cinco mil kilómetros de carreteras, aquí se ignoran tramos críticos como las carreteras 307 y la 186, severamente dañadas por las obras del Tren Maya.

La SICT presume eficiencia y reducción de costos, pero no explica por qué un destino turístico de talla mundial queda fuera de la estrategia.

La crítica es clara: no se trata sólo de asfalto, sino de garantizar conectividad segura para millones de habitantes y visitantes. La omisión refleja una visión centralista que margina a Quintana Roo y perpetúa el deterioro de su infraestructura, justo cuando más necesita inversión para sostener su competitividad y desarrollo regional. ¿Será?

Contaminación disfrazada de turismo

La advertencia de Sélvame MX sobre la carga de heces y orinas que dejarían 21 mil visitantes diarios en Mahahual desnuda la crudeza del megaproyecto Perfect Day. No se trata sólo de albercas y toboganes, sino de un impacto directo en manglares y arrecifes que no pueden resistir semejante presión.

La crítica a la doble moral de los tres niveles de Gobierno es contundente: mientras se sanciona a parques locales, se abre la puerta a corporativos internacionales por unos cuantos ingresos.

El Derecho de Saneamiento Ambiental, lejos de garantizar infraestructura adecuada, se diluye sin resolver la crisis de la planta de tratamiento que ya desborda al mar. La voz ciudadana, con más de dos millones de firmas contra el proyecto, refleja un rechazo masivo. ¿Será?

Soluciones cortas para problemas largos

La instalación de dos unidades aeroderivadas en Cancún evidencia la improvisación con la que la CFE atiende la creciente demanda eléctrica en la Riviera Maya.

Con motores diésel que operarán apenas 20 meses, el proyecto es más un parche que una estrategia de largo plazo. Se invierten más de 254 millones de pesos en infraestructura temporal, mientras las redes y plantas permanentes siguen rezagadas.

La paradoja es clara: se presume modernización, pero se recurre a tecnología contaminante y limitada, justo en una región turística que requiere estabilidad energética y sostenibilidad ambiental. La crítica es inevitable: la CFE responde con soluciones transitorias a un problema estructural, al dejar a Cancún y Playa del Carmen en la incertidumbre de apagones y dependencia de proyectos aún inconclusos. ¿Será?