Congreso caro, agenda mínima

La sesión 25 de la XVIII Legislatura en Quintana Roo confirma la anemia legislativa que caracteriza al Congreso: cambios de nombre en comisiones y ajustes semánticos como sustituir vivienda popular por vivienda social. Mientras tanto, los quintanarroenses pagan uno de los congresos más costosos del país, con un presupuesto de 536 millones de pesos anuales y un gasto por diputado que supera el promedio nacional.

La crítica es inevitable: ¿cómo justificar semejante inversión pública frente a una agenda tan insulsa? La falta de iniciativas de fondo en seguridad, desarrollo o transparencia convierte al Congreso local en un aparato oneroso que produce poco y cuesta demasiado.

La ciudadanía merece un Poder Legislativo que legisle en serio, no un órgano que se limite a cambios cosméticos. ¿Será?

Recursos mal orientados del DSA

La compra de un vehículo para fiscales municipales con recursos del Derecho de Saneamiento Ambiental (DSA) en Holbox refleja una preocupante desviación del propósito original de este fideicomiso.

El DSA fue concebido para financiar proyectos estratégicos de infraestructura y sostenibilidad, no para fortalecer mecanismos de cobro. Destinar fondos a una unidad móvil administrativa, en lugar de invertir en servicios públicos, manejo de residuos o protección ambiental, evidencia una visión reducida de lo que debería ser un instrumento de bienestar colectivo.

Mientras la isla enfrenta retos urgentes como la presión turística, la falta de agua potable y el deterioro de ecosistemas, las autoridades celebran adquisiciones menores que poco contribuyen al desarrollo sostenible. La crítica es clara: el éxito turístico no debe traducirse en burocracia, sino en soluciones reales para la comunidad y el entorno. ¿Será?

María Rubio, legado de servicio y humanidad

El fallecimiento de María Rubio a los 73 años deja en Quintana Roo un recuerdo positivo de entrega y compromiso social.

Su formación como enfermera militar y su especialización en cardiología marcaron una trayectoria dedicada al cuidado de la salud, que más tarde se transformó en acciones comunitarias desde el Sistema DIF estatal.

Entre 1999 y 2004, impulsó programas de protección a la infancia; destaca la campaña Con las niñas y los niños no se vale, que trascendió a nivel nacional como referente en la prevención de abusos.

Su vida refleja la importancia de combinar carácter y sensibilidad en el servicio público, dejando un legado que honra la asistencia social y la defensa de los más vulnerables. Su partida es una pérdida, pero también una memoria de amor y compromiso que inspira a nuevas generaciones, difícil de igualar.